domingo, 4 de octubre de 2026

ZOMBIES TV






Podría ser el título de un espectáculo cualquiera y, efectivamente, se trata de un espectáculo; el mismo de siempre, el que se usa para facturar.

¿En qué momento hemos permitido ser «famosos» a determinados seres? Porque hemos sido nosotros.
La audiencia no es un ente abstracto: la forma un número determinado de personas muy diferentes que decidimos quién sí, quién no o hasta cuándo.

Belén Esteban forma parte de ese famoseo adorado. «Es campechana», decían unos. «Es una de los nuestros», decían otros... ¡Qué hostia! ¿Cómo quién? Como yo, desde luego que no. Jamás me sentí identificada ni próxima en ningún aspecto de su vida.

Recuerdo cuando empezó a darme repelús verla en televisión. Su estado era deprimente y patético, pero era utilizado para captar audiencia... ¡Y la captaba! Yo me iba, supongo que como algunas personas más; otras se reunían comiendo palomitas para ver a una persona que acudía a su trabajo en condiciones deplorables. 

«Malita», esa fue la descripción de su estado y la causa de todos sus «pollos» en televisión. 
La palabra adicción rara vez la pronunció su protagonista y, casi siempre, iba seguida de la coletilla «Jesús  nunca preguntó si se necesitaba algo...».

Yo no sé si Jesús preguntó a alguien si lo necesitaban, porque son muchas las contradicciones. Ya que el «ni que fuera yo Bin Laden» había sido porque en Ubrique se estaban pensando retirar alguna custodia. 

Lo que me imagino es que Jesús priorizó. Hubiera sido más perjudicial arrancar a alguien de un entorno que él sabía que era seguro. Pero no, se prefiere especular con lo complicado o hacer del torero un ser perverso, cuando casi siempre la decisión más sencilla es la real.
Pero eso no vende... Aquí hay que vender, vender y vender.

La vida sin tele, cuando te has dedicado a ella años y años, pasa del otoño al invierno en un tris. Las campañas publicitarias no pagan lo mismo, ni tampoco Instagram te soluciona la vida con un post, ¡a no ser que seas Georgina! 

¡Hemos visto tragar sapos vivos a tantos y tantos personajes cuando los han vuelto a llamar!
Dejan de vender sus cremas o sus diseños low cost para volver lamiendo el suelo por donde los habían largado.

A Belén no vino Dios a verla: vinieron Juls y su desparpajo. Sin Juls, la señora de Paracuellos continuaría siendo la invitada eterna de muchos eventos o de conciertos en donde se haría la típica foto de fan. Y Juls vino a la tele de la mano de otra empresa; decidió dejar de ser anónima para recalar en otro lado y contar su corta vida en el Hola

Eso «jodió» a la de siempre... Cada paso de Julia o su familia fue siempre destacado con alguna memez en las redes sociales de la patrona. Y si no destacaban por nada daba igual: cada feliz cumpleaños en julio, cada graduación, cada éxito de «la que más quiere»... allí estaba, para hacer comparaciones o para señalar que solo había estado presente una familia. Cada año, ¿y van 27? 

¡Ah! Y otros padres ; ahora le toca al de la ambulancia, ; incluso el mánager traidor fue nombrado tutor si a ella «le pasaba algo». ¡Vaya ojo!

Recordando los pasos de esta mujer, me reafirmo en la repugnancia que me produce cualquiera que tenga, como única carrera, la de hablar de su vida privada y de quienes formaron parte de ella, y cobrar por ello.
Por otro lado, ¡qué flaco favor le hacen sus supuestos amigos!
 La Mari Patiño y su  siempre «sí, bwana» público a esta señora es una solemne idiotez.


Señora, ¿en qué momento decide usted quién puede responder o no? Y sí, en este caso sería defensa: su amiga lo ha empezado. Bueno, siempre lo inició ella, obteniendo la callada por respuesta. Por cierto, circunstancia que la molestaba bastante, ¿verdad? Cuando se calla, ¿se otorga o se teme? ¡A que sí! ¡Ay!, y cuando se responde tampoco es lo correcto. 

Tienen un puto cacao mental que solo entienden los bandos de uno u otro lado. Lo fanático, lo selectivo y eso... ¡Cosas!

Lo único cierto y demostrable es que no hay persona anónima más nombrada en todo el país; curiosamente, quien la menciona es la que berrea que no se puede nombrar.
Los medios no deberían pagar por hablar de alguien anónimo, sea cual sea el parentesco. Y la Justicia debería hacerlo constar.

Por último, aparte de la contratada, ¿alguien más se beneficia de los dineros que paga la parte contratante?
No puedo imaginar la incoherencia e hipocresía de que una de esas personas beneficiadas fuese alguien catalogado de anónimo...


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Podría ser el título de un espectáculo cualquiera y, efectivamente, se trata de un espectáculo; el mismo de siempre, el que se usa para fact...