domingo, 4 de octubre de 2026

ZOMBIES TV






Podría ser el título de un espectáculo cualquiera y, efectivamente, se trata de un espectáculo; el mismo de siempre, el que se usa para facturar.

¿En qué momento hemos permitido ser «famosos» a determinados seres? Porque hemos sido nosotros.
La audiencia no es un ente abstracto: la forma un número determinado de personas muy diferentes que decidimos quién sí, quién no o hasta cuándo.

Belén Esteban forma parte de ese famoseo adorado. «Es campechana», decían unos. «Es una de los nuestros», decían otros... ¡Qué hostia! ¿Cómo quién? Como yo, desde luego que no. Jamás me sentí identificada ni próxima en ningún aspecto de su vida.

Recuerdo cuando empezó a darme repelús verla en televisión. Su estado era deprimente y patético, pero era utilizado para captar audiencia... ¡Y la captaba! Yo me iba, supongo que como algunas personas más; otras se reunían comiendo palomitas para ver a una persona que acudía a su trabajo en condiciones deplorables. 

«Malita», esa fue la descripción de su estado y la causa de todos sus «pollos» en televisión. 
La palabra adicción rara vez la pronunció su protagonista y, casi siempre, iba seguida de la coletilla «Jesús  nunca preguntó si se necesitaba algo...».

Yo no sé si Jesús preguntó a alguien si lo necesitaban, porque son muchas las contradicciones. Ya que el «ni que fuera yo Bin Laden» había sido porque en Ubrique se estaban pensando retirar alguna custodia. 

Lo que me imagino es que Jesús priorizó. Hubiera sido más perjudicial arrancar a alguien de un entorno que él sabía que era seguro. Pero no, se prefiere especular con lo complicado o hacer del torero un ser perverso, cuando casi siempre la decisión más sencilla es la real.
Pero eso no vende... Aquí hay que vender, vender y vender.

La vida sin tele, cuando te has dedicado a ella años y años, pasa del otoño al invierno en un tris. Las campañas publicitarias no pagan lo mismo, ni tampoco Instagram te soluciona la vida con un post, ¡a no ser que seas Georgina! 

¡Hemos visto tragar sapos vivos a tantos y tantos personajes cuando los han vuelto a llamar!
Dejan de vender sus cremas o sus diseños low cost para volver lamiendo el suelo por donde los habían largado.

A Belén no vino Dios a verla: vinieron Juls y su desparpajo. Sin Juls, la señora de Paracuellos continuaría siendo la invitada eterna de muchos eventos o de conciertos en donde se haría la típica foto de fan. Y Juls vino a la tele de la mano de otra empresa; decidió dejar de ser anónima para recalar en otro lado y contar su corta vida en el Hola

Eso «jodió» a la de siempre... Cada paso de Julia o su familia fue siempre destacado con alguna memez en las redes sociales de la patrona. Y si no destacaban por nada daba igual: cada feliz cumpleaños en julio, cada graduación, cada éxito de «la que más quiere»... allí estaba, para hacer comparaciones o para señalar que solo había estado presente una familia. Cada año, ¿y van 27? 

¡Ah! Y otros padres ; ahora le toca al de la ambulancia, ; incluso el mánager traidor fue nombrado tutor si a ella «le pasaba algo». ¡Vaya ojo!

Recordando los pasos de esta mujer, me reafirmo en la repugnancia que me produce cualquiera que tenga, como única carrera, la de hablar de su vida privada y de quienes formaron parte de ella, y cobrar por ello.
Por otro lado, ¡qué flaco favor le hacen sus supuestos amigos!
 La Mari Patiño y su  siempre «sí, bwana» público a esta señora es una solemne idiotez.


Señora, ¿en qué momento decide usted quién puede responder o no? Y sí, en este caso sería defensa: su amiga lo ha empezado. Bueno, siempre lo inició ella, obteniendo la callada por respuesta. Por cierto, circunstancia que la molestaba bastante, ¿verdad? Cuando se calla, ¿se otorga o se teme? ¡A que sí! ¡Ay!, y cuando se responde tampoco es lo correcto. 

Tienen un puto cacao mental que solo entienden los bandos de uno u otro lado. Lo fanático, lo selectivo y eso... ¡Cosas!

Lo único cierto y demostrable es que no hay persona anónima más nombrada en todo el país; curiosamente, quien la menciona es la que berrea que no se puede nombrar.
Los medios no deberían pagar por hablar de alguien anónimo, sea cual sea el parentesco. Y la Justicia debería hacerlo constar.

Por último, aparte de la contratada, ¿alguien más se beneficia de los dineros que paga la parte contratante?
No puedo imaginar la incoherencia e hipocresía de que una de esas personas beneficiadas fuese alguien catalogado de anónimo...


miércoles, 22 de enero de 2025

GLORIAS POR LA GRACIA DE LAS PESETAS

 Hace unos días, saltaba la liebre. Un presentador, muy conocido, de la RTVE Canarias, fue invitado a un podcast.
Entre varias declaraciones, soltó la bomba: Fue testigo del trato de mal gusto que Ana Obregón había dado a la cantante Nía.
Roberto Herrera y Nía
 El presentador canario, Roberto Herrera, es un habitual en la retransmisión de las campanadas desde las islas. Nía, cantante, salida de Operación Triunfo, era el segundo año que lo acompañaba.
En el año 2022, Anita La Fantástica y Los Morancos, daban el campanazo en la 1.
Durante la grabación de un spot promocional, relacionado con el evento, Roberto, según su relato, presenció como Nía, no fue bien tratada por Ana y su prepotencia. Hecho del que también, según el presentador, fue presenciado por los Morancos. Tal fue la incomodidad de la chica, que no quiso participar en el anuncio y no salió en esa promoción. 
Evidentemente, ni bien se conocieron las declaraciones de Roberto Herrera, allá que corrieron a preguntarle a la Sra. Obregón.
La bióloga no me pareció nunca un personaje de interés y, desde su último invento, mi desinterés mutó a repulsa vomitiva.
La señora digna se defendió, como pudo y sabe, mal. Dejando constancia de la soberbia, que pretende disimular, a base de expresiones sin gracia o victimización 2.0, da una versión totalmente opuesta.
La que montó el pollo fue Nía; no le gustaba el vestido que le habían elegido, tampoco le parecía que le quedase bien… Y, como una vulgar niñata, se “chinó”. Encima, había llegado tarde.
Bueno, podíamos comprar la versión de Anita, pero, claro, dejó perlas como que, al llegar tarde la chica, ella tuvo que esperar dos horas maquillada y vestida de Nochevieja, ¡fíjate! Ella, que no está acostumbrada a estar arreglada…
Por si fuera poco, por culpa del retraso horario de la cantante, llegó tarde a una de las 52 misas que lleva organizadas en memoria de padres e hijo. Mal, Anita… 
Remató su defensa con una sarta de historias que están en su mente. Se declara una profesional sería, con cuarenta años de trayectoria, con no sé cuántas películas y series a sus espaldas, montones de programas presentados y miles de profesionales con los que ha compartido espacio y que, jamás de los jamases, ninguno ha dicho nada negativo de ella como compañera.
A ver… ¿Alguien recuerda alguna película de la Meryl Streep bióloga? ¿Alguna serie? Yo sí, un cameo en aquel espanto de “El equipo A” y creo, que otro en “CSI”. También conozco su trayectoria como escritora de series de TV, “Ana y los siete”; una almibarada historia, infantiloide, donde no tuvo reparo alguno en mencionarse en el título y actuar como actriz protagonista.
Nunca me pareció talentosa en nada. Como actriz, impostada, como presentadora, exagerada y fingida; como Borrego, siempre mirándose en cámara.
Como bailarina solo tenía elasticidad, nada más.
Pero, se cree lo más… Realmente se lo cree.
Pues ayer, en el programa de Sonsoles, donde es el fichaje estrella, volvió con la burra al trigo y a Nía.
La cantante, cuando le ocurrió el percance con esta señora, sin mencionar quién había sido, contó su experiencia, mucho antes de que Roberto Herrera lo hiciera y le pusiera nombre a la causante.
Bueno, pues le pusieron el vídeo a Anita, que, sentada en plató, divina de la muerte, fingía, haciendo aspavientos, viéndolo, como si la chica estuviese en directo dando una rueda de prensa…
Y que no merecía ese trato, después de todo lo que había vivido.
Bueno... Otra vez usando sus terribles circunstancias... Idénticas a las desgracias a las que, gente anónima, se enfrentan diariamente.
Señora, ¡Nía no dijo nada! No la nombró ni quiere hacerlo. Esta señora le pide que la deje en paz, que todo le vaya bien y sea feliz… Ya lo es. Seguramente, elegirá no compartir espacio con usted, no lo necesita. No es de las famosas que persiguen por la calle cien cámaras, ni llena estadios cantando, pero, quizá, no es su inquietud en la vida, a lo mejor es natural y sencilla y tiene sueños más terrenales y plenos.
¿E insinúa que, poco más o menos, Roberto Herrera se lo inventó con la intención de tener repercusión en el estreno de un programa?
Vuelve a ser soberbia.
Después de pasearse por todas las cadenas, y sentarse en la que le pareció el fichaje de la temporada.
Porque no puede vivir sin foco.
Y de pija a pija, tirando de bobería, llegamos a la reina de los corazones de colores, Agatha.
Agatha Ruiz y M. Zamorano
Mete la pata hasta el corvejón con la frase hecha de marras y le saltan al cuello, el colectivo gitano y todo el que tiene dos dedos de frente. Porque habrán ido a muy buenos colegios y sabrán de qué copa beber, entre las 4 o 5 que suelen poner en esos eventos clasistas, pero de educación cotidiana y respeto, andan todos y todas muy justos.
Hoy salió otra información, en medio de la apisonadora social que la estaba aplastando: La demanda que le interpuso al estilista Manuel Zamorano por plagio.
¿Qué carajo le copió este hombre?
Camiseta de la demanda❤️
Un simple corazón, chiquitín, de color rojo, en una línea de camisetas del estilista.
Zamorano cree que es una vendetta pija, y yo también. La línea de ropa del estilista capilar, su auténtico negocio, peluquería, no compite con el de Agatha ni le soterra su amor propio o creatividad.
Los corazones pintados existen desde antes de que esta señora viniese a este mundo multicolor.
Ramón, antes de todo este lío, había nominado a esta mujer soflama para que abandonase su peluquería.
Sin ser clienta, las contadas veces que acudía, lo hacía como Pedro por su casa.
Altiva, sin saludar a nadie de los que allí trabajaban.
Supongo que cuando visitaba la pelu de este señor, sería cuando T5 la llevaba a rellenar algún programa. Sabemos de la implicación y amistad que Manuel tiene con la mayoría de las personas que trabajan en la cadena, y seguramente, esta señora iría a peinarse con bono de Mediaset… Se me ocurre.

Conclusión: Estas dos señoras, de buena familia, con humildad y sencillez dispersa, da igual lo que aparenten ser, porque demuestran lo que son.
Anita pudo llevar a cabo sus sueños de actriz, sin nominación a Óscar, gracias a que papá tenía “posibles” para que la niña se permitiera ser caprichosa.
Que tuvo suerte por muchas cosas, principalmente, la época televisiva en la que le tocó vivir. Época, en donde hubo muy buenos profesionales, pero también, mucha chica mona, pero ninguna sola y luces de colores que encubrían la falta de talento.
La diseñadora de la Prada, también dispuso de sostén suficiente para desbarrar.
Con un matrimonio, pululando por las altas esferas, ¿quién le espeta que sus modelitos son creados de madrugada, en un “after”, a ritmo de “esta sí, esta no”?
¡Nadie!
Probablemente, dos señoras, que de haber nacido de madre portera y padre taquillero de cine, hubieran sido unas chicas estupendas y divertidas, sin palmeros ni lameculos que solo se fijan en cuánto tienes y no en quién sos vos.






































martes, 8 de octubre de 2024

MARGARITA/FIN©®

 






Las mini vacaciones en Túnez llegaban a su final.
Lo que hubiera sido una semana sin pena ni gloria para muchos mortales, para Margarita, fueron un lujo.
La valoración que, la amiga de mi amiga, tenía en cuenta, era muy simple. No tenía el más mínimo interés por la cultura o las personas de los lugares a donde iba. Le bastaba con un hotel bonito y locales de ocio alrededor. Quizá, si era temporada veraniega, disfrutaba de la playa y los tíos que veía allá dónde iba. Eran los únicos momentos que vivía intensamente, borrando de su mente la insatisfacción de su vida habitual. 
De las emociones de Raimundo no tenemos constancia, ella tampoco. No hablaban de sentimientos o sensaciones. Cada uno le daba al otro un pedacito de compañía.
El día de la partida, Margarita estaba nerviosa. Las esperas en los distintos aeropuertos le aburrían y la cansaban.
Tuvieron que dejar libre la habitación a las doce de la mañana.
Las maletas, metidas en un cuarto especial, y medio día deambulando por el hotel, vestidos desde bien temprano con la misma ropa.
El autobús hacia el aeropuerto los recogería a las 17:30. El vuelo hacia Madrid salía a las 21:00. Tendrían que sacar el coche del parking a su llegada y emprender viaje hacia el pueblo de Ra. Algo que no le hacía gracia a Margarita, hasta que se enteró de que no iban a la casa familiar, sino a casa de unos amigos de Raimundo. Se sintió aliviada en parte. La pregunta de por qué se enteró de ese detalle, en ese preciso momento, es la prueba de la comunicación entre la pareja, o, en el supuesto de que su no novio se lo hubiese dicho, Margarita no prestó atención, su costumbre…
Llegan a la capital de España sobre las once de la noche. Una hora y pico después consiguen comunicarse con alguien para poder entrar al parking y coger el coche.
No era hora de llegar a casa de unos amigos y, durante el trayecto, ya en la provincia de Salamanca, van mirando si ven algún hotel.
Pueblines y aldeas y ningún letrero luminoso que anuncie hotel, motel o pensión.
Entran en La Alberca, un pueblo curioso, no por grande, sino por famoso.
Como pueblo famoso, lo era para mucha gente, más de la que el pueblo puede alojar y menos en fin de semana.
Estábamos buscando donde dormir un sábado a la 1 de la madrugada.
¡Petado! La Alberca estaba a rebosar.
Faltaban 70 km para llegar a su destino y la hora seguía siendo intempestiva para irrumpir en casa de alguien a dormir.
Se quedan dentro del coche. Aquel fin de semana, una ola fresquita recorría la provincia… Margarita, vestida para arrasar (en el Caribe) con un top, su pantalón corto vaquero, sandalias y una triste y fría cazadora vaquera. Tampoco es que Raimundo fuese precavido, y no llevaba una triste manta en el coche. Como dormir al raso en una noche de otoño castellano. Se despertaron muy temprano… El frío solo les permitió echar alguna cabezada, a las 10 de la mañana, Ra entró en uno de los establecimientos hoteleros a reservar habitación. El mismo que, hacía pocas horas, de madrugada, le había dicho que le quedaría libre una habitación a mediodía.
Desayunaron en la pensión, un local con encanto de pueblo y, casi dormidos, al calorcito del interior, esperaron a las 12.
Durmieron hasta la tarde, unas 5 horas que les supieron a gloria bendita. Esa noche emprenderían viaje a casa de los amigos.
Dedicaron tres horas a pasear por el pueblo y picotear algo.
Margarita envió alguna foto del pueblo a su amiga. Precioso y lleno de bullicio y sitios donde alternar que disfrutó poco.
Afortunadamente, la tarde sonrió a Margarita. Lucía el sol y la temperatura era muy buena. Algo de lo que en, Castilla, no debes fiarte en junio y mucho menos a finales de septiembre… Todo lo puede cambiar si se levanta el norte.
Con un mini vestido vaquero, estilo camisero, se paseó por La Alberca. Cuando su amiga la vio en la foto, pensó que en pocos sitios podría sentarse sin que se le viesen las costuras de las bragas.
El vestidito tenía su complicación, no así, los complejos de Margarita, ¡ni uno tenía!
Por fin llegan a casa de los amigos de Ra. Margarita no los conocía e iba desconfiada.
No es mujer de amigas o amigos.
Encantada estaba Margarita al cuarto de hora de conocerlos. Eran una pareja de similar edad, vivían solos, sin hijos ni parientes, en un casoplón de dos plantas, bodega y finca.
La mujer le hizo un “house/tour”, mientras los hombres bajaban a la bodega.
Dos pisos de decoración rústica castellana, escrupulosamente limpio y montones de jarrones con flores frescas. Se notaba que la anfitriona lo había dispuesto todo para la visita. Aunque le confesó a Margarita, porque le preguntó, que lo mantenía ella limpio sin ayuda, ni de coña era verdad.
Alucinada por tanta pompa, bajan a la bodega, situada en el sótano de la casa.
Un inmenso espacio, perfectamente decorado y dispuesto para cualquier evento de comilona que pudiera hacerse.
Toda una pared, dividida en compartimentos, era la vinoteca, repleta de botellas de diferentes vinos.
Una enorme mesa de castaño, con robustas sillas, presidía el centro de la sala.
Cocina de gas, cocina de leña y barbacoa, junto a un enorme fregadero, estanterías y muebles de manera, componían el espacio dedicado al cocinado.
Ruedas de carro, apliques antiguos de luz, sombreros de paja, platos decorativos y capotes de torero y dos monteras, completaban la decoración.
Comieron de todo, cataron variedades de Riojas y Riberas del Duero, hasta casi desfallecer, esa noche y el día siguiente, domingo.
La foto de Ra, con montera y capote, pasará a la historia junto a la del tobogán...
Tristemente, regresaban a Vizcaya al día siguiente.
Sus mejores vacaciones, fue lo que Margarita le dijo a su amiga. Había engordado como 6 kilos, pero no importaba.
Ya en Vizcaya, los días posteriores, continuaron disfrutando como pareja. Bueno, juntos es la expresión correcta.
Pasados esos primeros días, unos 6 o 7, ya empezaron las disputas y el hartazgo del uno hacia la otra y de la otra hacia el uno.
Regresaron las mezclas de sidra con Lorazepam y las quejas, aderezadas de cabreo. 
La anormal normalidad de la vida de Margarita.
¡Hasta el siguiente viaje!


lunes, 7 de octubre de 2024

MARGARITA/CAP.4©®

 





Dicen que “el que la sigue la consigue”. Margarita, la noche anterior, logró convencer a su no novio. Saldrían del hotel.
Esa mañana, fueron a reconocer el terreno y pasar calor... Demasiado calor.
Con un top de transparencias y un “short" vaquero, Margarita, demasiado “short”, cogió un bolso que, por su volumen, podría servir para esconder un cadáver y, andando, pusieron rumbo hacia donde veían gente.
Llegaron al centro, allí posó, como toda turista, bajo el mausoleo en honor a Habib Bourguiba, primer presidente de Túnez. Dudo que, Margarita o Ra, supieran que eran aquellos arcos, quién fue el personaje, o pronunciar su nombre.
Sudorosos, se metieron en pleno zoco.
Allí, consiguieron aliviar un poco el calor, bajo soportales o callejuelas con sombra, se entretuvieron viendo montones de artículos y cachivaches.
A Margarita le gusta la bisutería. Los puestos de pulseras, collares y pendientes, eran como un mercado medieval de los que ella conocía, pero a lo bestia.
Sin embargo, no compró nada... No sabía en qué idioma hablar, más bien, desconocía que los vendedores pueden chapurrear el español, porque ella no sabe otro idioma. 
¡Cómo tantear y regatear un precio!
Evidentemente, de entrada, todo era desproporcionadamente caro.
Total,de nuevo, chorreando por los sobacos, la frente y todo en conjunto, se tiraron a las calle, para regresar al hotel.
Bajo el sol tunecino, con el “short”, desde hacía dos horas, incrustado en todo su culo, vieron calesas circulando por la carretera.
No, tampoco se les ocurrió parar a ninguna y regresar descansados al hotel.
Raimundo, al límite de la deshidratación, hacía rato que venía protestando.
Faltaban cuatro días para la vuelta a casa, pero no volvería a salir del hotel, lo tenía clarísimo.
Se pegaría a cualquier tumbona como una lapa y un copazo a un lado. Había visto lo suficiente.
Esa noche, después de descansar de la tralla de la mañana y comer, Margarita envío a su amiga un hotel-tour.
Otra vez, un vídeo, movido, de las distintas instalaciones. Casi todas sin gente, algo curioso. También todo lo que había en el buffet.
Justo en ese momento buffet, se cruzó una chica que, al darse cuenta de que Margarita estaba grabando, frenó en seco.
Margarita, con todo su acento y expresividad popular le dijo “¡Tira, tira!” “¡No te preocupes!”
¿Era española? ¡Negativo!
El ”tira, tira” lo entendió por el lenguaje no verbal que le hizo Margarita con la mano libre.
Lenguaje internacional...
Después de enviar el vídeo y algún audio, se fueron a cenar.
Esa noche decidió jugársela. Dejó el pollo y la pasta. Decidió coger algo típico con mucho color.
Color y sabor... ¡Picante!
Bueno, otra cosa que no se sabrá, ¿qué provocó la diarrea? ¿Las especias? ¿El calorazo de la mañana? ¿Ambas cosas, más todos los copazos que se bebía?
Lo cierto es que, para Margarita, no hay viaje sin diarrea, da igual Túnez que Mallorca, termina siempre en “cagada”.
Al final, después de varios viajes al baño... Le dio un buen estreno a la ducha del váter... Consiguió dormir.
A la mañana siguiente, sola en la habitación, sabemos que Ra ahueca el ala temprano, contactó con su amiga.
Ya había dejado de ir al baño, le escocía el culo, pero no dejaría de beber alcohol, ante la sugerencia que su amiga le hizo.
Volvió a repetirle la escasa graduación de los licores de allí, todos de garrafón, lo que iba incluido en la tarifa de pulserita. 
También extrañaba el sabor del tabaco. Tenía cierta afonía desde que había llegado. Decía que era muy fuerte y rascaba en la garganta.
¡Qué era todo muy raro en ese país!
Entonces le relata un suceso paranormal que sufrió la primera noche.
Al llegar tan tarde al hotel, no se duchó, se metieron en la cama tal cuál. Margarita siempre lleva dos cadenas al cuello y tres pulseras, todo de oro. Una de ellas, regalo de Ra.
A la mañana siguiente, las cadenas y las pulseras estaban de color cobre...
Pero no a trozos, ¡color cobre unificado! 
¡Hostias! Margarita estaba asustada.
Su amiga le dijo si había contemplado la posibilidad de que, el haber probado todos los perfumes del ”Duty free” del aeropuerto, habían hecho alguna reacción química en las joyas.
¡No, imposible! No se los echó sobre las alhajas.
A ver, desde el mediodía, hasta la noche, muy tarde, que llegaron, toqueteando todo, da igual donde hubieras pulverizado el perfume, no sé, quizá tenga que ver...
Sin obviar que no se asearon... En fin, una mezcla de olores y vapores intensa.
Guardó las “jojoyas” y las limpiará en territorio seguro.
Pasaron los restantes días por el hotel, más piscina, más tumbonas y nada de jacuzzi, que ya me extraña.
El día de la salida hacia Spain, prometía ser más largo que un día sin pan. De Madrid se iban dos días a Salamanca, al pueblo de Ra, algo que no le hacía especial ilusión a Margarita.
Ella es de asfalto y nada de familias. En el pueblo del no novio, asfalto poco y sus dos hermanas, todavía instaladas en la casa familiar, agotando los días de temperaturas agradables, de vacaciones.
10º- 12º eran las temperaturas mínimas que estaban teniendo de media en la Comunidad y Margarita  con ropa del Túnez a 30º...
¿Sería previsora? Las noticias, el tiempo, las guerras... Margarita no lee ni ve las noticias.
No tiene aplicaciones que la orienten, porque no tiene el más mínimo interés.
A Margarita la sorprende un tsunami Cádiz, aunque lo estuviesen advirtiendo semanas y horas antes, sonaran sirenas y viese a la gente correr... Así es.



viernes, 4 de octubre de 2024

MARGARITA/CAP.3©®

 






Margarita se entretiene con el chico de los tés y las cachimbas, por lo que, cuando sale, a contonearse por el exterior de las instalaciones, se encuentra a Ra tirado en una hamaca.
Como si hubiese estado allí toda la vida, el hombre, en posición sexi. Brazos debajo de la cabeza, estirado, con una pierna doblada...
A Margarita le pareció más flaco que de costumbre... Pero era su Ra, su Quijote, no sabemos si, para él, ella era un molino contra el que luchar, y por eso, caía rendido en cualquier lado. Ra no era perfecto, bueno, ni estaba llegando al camino de emprender la ruta hacia la perfección. Pero Margarita... Margarita tenía el don de cansar aunque no la escucharas. Aislarse un rato de su presencia era complicado, estaba siempre revoloteando.
Continuó su andadura por el recinto, iba a respetar el descanso de su guerrero... ¡Na! ¡Qué respeto! No pensaba sentarse hasta inspeccionar todo aquel lujo asiático.
De las tumbonas, pasó a la zona de camas “chill-out”, cubiertas por vaporosas telas blancas. Muy cerca, en la orilla del mar, había columpios, utilizados mayormente para hacerse selfies.
Definitivamente, aquello era lo que había deseado para vivir y no le importaría morirse en aquel paraíso.
Se bañó en el mar y fue al encuentro de su no novio, antes de que quedase achicharrado en la tumbona.
Raimundo era como los niños, no paran quietos, pero cuando se cansan, se caen en cualquier rincón.
Allí estaba, en la tumbona, medio cocido o asado, y los cuatro pelos de la cabeza pegados por el sudor.
Deciden ir a la piscina, Ra, sin abandonar su copazo de cóctel, Margarita, con uno recién servido.
La piscina tenía toboganes bastante grandes. Ra, sorprendió a su amada, queriendo probar aquel artilugio.
Margarita era atrevida para vestir, para los demás riesgos de la vida, era una acojonada convencida.
Ra estaba emocionado y la dejó dentro del agua, estratégicamente colocada para grabar su hazaña.
Lo ve en lo alto del tobogán, de pie, casi transparente por la iluminación solar, esperando a que todo quedase despejado.
Un, dos, tres, y aquel manojo de huesos, se tiró por el tobogán.
Pegado a la superficie, como una loncha de chopped, fue deslizándose torpemente, hasta finalizar con el típico “chof” dentro del agua.
Un poco de vergüenza ajena sintió Margarita... Y era raro...
Hinchados de tanto beber, sin saber lo que realmente bebían, con la palabra cóctel arreglaban todo, sin saber sus ingredientes, comieron, merendaron y cenaron.
Margarita, todo basado en pollo y pasta, lo que podía certificar, lo demás era desconocido para ella.
Ra, no... Raimundo se zampaba de 6 a 8 platos diferentes, daba igual que fuese al desayuno que a la cena, todo le entraba y, lo que era sorprendente, le cabía.
En beber era un mano a mano, o quien era capaz de beber más de los dos y seguir vivo.
Margarita se quejaba de que el alcohol de allí era muy suave y solo lograba coger un “puntito”...
Advertir que, el “puntito” de Margarita, podría hacer tambalear a toda la tripulación de un barco pesquero de bacalao en Islandia.
Esa noche follaron. Margarita, debió hacer una cruz en el calendario, era algo extraordinario que no sabía cuando volvería a producirse. Quedaros con este dato...
¿Cómo conseguía Ra, con 60 tacos, diabético y con un “puntazo” cojonudo, elevar “algo” y acertar con el “hoyo”? Era tan misterioso, o milagroso, como que Margarita sintiera que estaba siendo “poseída”. Quizá por todo ese esfuerzo, mental y físico, las relaciones íntimas se iban espaciando más, aunque no las ganas de Margarita.
A la mañana siguiente, teléfono en mano, contó a su amiga las andanzas del día y noche anteriores. Todo le gustaba, de todo disfrutaba con ilusión exagerada.
Incluyó a Raimundo que, desde que salieran de Vizcaya, no habían discutido y se soportaban gratamente, todo fluía.
No habían estado tanto tiempo juntos desde su viaje a Tanzania.
Los viajes los elegía Ra, eran su regalo y parece que le gustaban los países que empezaban por T y que eran exóticos, aunque no tuviera la noción exacta de su situación en el mapa y menos aún de su cultura.
Se acostaban pronto, anochecía antes que en Vizcaya y, lógicamente, se levantaban temprano.
Margarita tenía que convencer a Ra para salir del hotel y conocer un poco del país... Le iba a costar lo suyo, el tío trotaba todo el día por el hotel, pero salir le costaba, se cansaba, decía. Más bien le daba pereza y no tenía ni al mínimo interés en ver nada.
Seguiría intentándolo...

jueves, 3 de octubre de 2024

MARGARITA/CAP.2©®




 
Primera noche en Túnez superada con éxito.
Raimundo estaba acostumbrado a madrugar, y no perdía su hábito ni en vacaciones.
Pero no molestaba. Salía y, cuando imaginaba que Margarita estaría lista, subía, para bajar juntos a desayunar.
Margarita aprovechó la soledad para hacer un “tour-room” en vídeo y mandárselo a su amiga.
Estaba emocionada. La habitación era enorme, la cama inmensa, la decoración minimalista, teniendo en cuenta el gusto árabe por los dorados y filigranas.
El armario era tipo vestidor. El baño muy moderno. Con entrada frente a uno de los lados de la cama, tenía la puerta de cristal opaco. Nada íntimo para mi gusto; al encender la luz, se distingue perfectamente lo que estés haciendo dentro, aunque sea en modo silueta.
Tenía dos piletas y una bañera con mampara, también en cristal opaco. A su amiga hubo un detalle de ese cristal de la bañera, que la dejó inquieta…
Cuatro dedos marcados en el cristal,dibujaban una figura siniestra... Parecido a una escena de la película “Psicosis”.
Y llegó la joya del baño… ¡El inodoro! Al lado de un gran plato De ducha. El váter, de esos que están suspendidos en la pared, y con una pequeña ducha de alcachofa al lado.
Para Margarita era un invento de la NASA todavía por probar.
No quiero ser escatológica, pero coger una cosa que alguien cogió previamente para lavarse el culo… ¡Pues no! No tengo la seguridad de que aquello esté perfectamente limpio, me explico, ¿no? Una manguera flexible de ducha y la alcachofa, usados para lavados tan concretos, no ofrece tranquilidad ni seguridad.
Margarita, sin embargo, estaba maravillada.
La habitación tenía balcón. No estaba orientado al frente, pero podía verse el mar muy cerca, mirando hacia un lado y a lo lejos, la inmensidad.
De frente, cuatro palmeras achicharradas, una carretera y al otro lado, una mole de edificio, que debía ser otro hotel.
Margarita iba narrando cada escena.
Fuera de la habitación, desde el piso donde estaban, grabó el hall. 
¡Enorme! Lámparas de todo tipo, raras, horteras y modernas, pues había de todo mezclado, y un montón de ascensores.
A Alexa, su amiga, le vino a la cabeza, cómo haría Margarita y Ra para subir cada noche, hartos de cócteles molotov, y no equivocarse con tanto ascensor…
El hotel era muy grande, con diferentes espacios y caro, bastante caro.
Alexa se imaginaba a Margarita cuál niña pequeña, anonadada con todo y parloteando con acento vasco y guiños al asturiano, ya que su ascendencia era ovetense y había residido en Oviedo hasta que conoció a su primera pareja.
No fue capaz a introducir un traductor en el móvil. Allí se había plantado, sin saber inglés y desconociendo el idioma que hablaban en Túnez, creía que hablaban en tunecino…
En mitad del hall, se encuentra un “stand” de tés y cachimbas. 
El dependiente, persona autóctona y ataviado con traje típico, estaba formado para tratar con la peña que va de turismo.
Amplia sonrisa y haciendo casito a cada uno que, como Margarita, se paraba a grabarlo.
“Mira, Alexa, qué majo ye”, gritaba Margarita mientras lo grababa.
El chico cantaba algo y hacía como si bailara, alegre, contento y amable por cojones.
Alexa le comentó que era muy guapo, a lo que Margarita respondió que sí, pero que estaba con Ra y no podía ni pensar en eso.
Ella siempre predispuesta, aunque en esta ocasión, no era el momento.
¿Dónde estaba el no novio? A su aire, dentro de las instalaciones, inspeccionando zonas, pero a su bola.
Así era Ra, así era su relación de pareja, rara.
Coincidieron para desayunar y subieron a cambiarse de ropa.
Ra, con un bañador azul celeste. Margarita, un mini biquini fosforito. 
Biquini pequeño, porque Margarita se empeñó en comprarse modelos que se incrustaban y perdían proporción entre las lorzas de su cuerpo serrano.
Admiro profundamente a Margarita…
Su autoestima despistada la hacen carecer de todo gusto a la hora de vestirse. Y no me refiero a que no se deba vestir como si tuviese 20 años y fuese un figurín. Puede vestirse como quiera, otra cosa es que esté favorecida. 
Ella entiende que tiene que ir como Thalía, arrasando por la vida.
La pareja, con “perfomance” playero, se tiran a disfrutar de las zonas VIP del hotel con tarifa “Prestige”… ¿Será presagio de desastre…?





miércoles, 2 de octubre de 2024

MARGARITA/CAP.1©®

 



Llegó el día de la salida de Vizcaya.
Atrás dejaban la ola de calor del Cantábrico, para meterse de lleno en el horno de Madrid.
Desde allí, saldrían para Túnez, en vuelo directo, al día siguiente, a las diez de la noche.
Raimundo, el no novio, era muy precavido. Margarita se hubiera largado el mismo día para Túnez, Ra, no. Ra quería ir con tiempo, y con tiempo fueron. Pretendía visitar la capital e ir a la “Warner”. Para ello, había reservado hotel en Pinto. Iban en el coche de Raimundo, también tenía reserva en el parking del aeropuerto.
Alexa, la confidente de Margarita, a media mañana, estaba preocupada. No tenía ninguna noticia, por lo que le escribió un mensaje.
Tuvo respuesta pasados unos minutos. Margarita estaba nerviosa. Les quedaban  100 km para llegar a Pinto, pero no iban en su coche… ¡Viajaban en una grúa!
Les había reventado una rueda del coche, en mitad de la autovía y con tráfico intenso.
No se habían matado de milagro, según le relató.
Se quedan en el hotel, el coche se lo llevó la grúa para un taller, los llamarían cuando estuviese listo.
Dejaron las maletas y se fueron a recorrer Pinto. No tardó Margarita en encontrar una típica sidrería. No sabe usar internet para encontrar un traductor de árabe, pero las sidrerías las huele a distancia.
Allí comieron y bebieron hasta la extenuación, tenían que aliviar el susto. Si no fuera porque el coche estaba en el taller, de tanto que bebieron, se les habría olvidado el incidente.
Iba a ser toda una experiencia religiosa aquel viaje, pensaba Alexa.
Hacía 10 años que estaban ennoviados, pero no vivían juntos. Salvo un viaje a Tanzania, años antes, se veían los lunes a jornada completa, día que Raimundo se cogía libre en el bar. 
El resto de los días, podían salir a cenar, pero nada más. LLamadas de teléfono, generalmente, para discutir. No tenían costumbre de soportarse, paciencia para entenderse y, dudaba, en si había algún interés por practicar el arte del entendimiento.
Raimundo era inquieto, a ella le gustaba salir, pero la siesta era el undécimo mandamiento. Ra era más bien callado, Margarita era como un disco que nunca terminaba. El sexo, para ella, era importante, Raimundo era una ameba con pocas necesidades. Agua y aceite, día y noche. Ra era martes, Margarita fines de semana y festivos. 
Dos seres destinados a no encontrarse, y se encontraron. Lo lógico hubiera sido, hola y adiós, sin embargo, se aguantan con cierta toxicidad. Ra lo hará hasta que se muera.
Margarita lo cambiaría mañana si tuviese oportunidad, pero, huía de la soledad, Ra, la hacía sentir que no estaba sola, aunque no era el acompañante deseado.
 La explosión de la rueda los había retrasado, por lo que no fueron a la “Warner”, pero sí a pasear por los madriles, con un calor que caían los pájaros de los árboles. Entre el calor de las sidras y el ambiental, casi que Margarita es inmortal y no lo sabemos, pero vamos teniendo indicios…
Duermen a pierna suelta, desayunan sin conocimiento y vuelven a darse paseos por Pinto. Recogen el coche y sidra va, sidra viene, llega la hora de irse hacia el aeropuerto.
A las 5 de la tarde llegan a la terminal, con el coche ya en el parking, sólo quedaba facturar.
Una cola inmensa, donde Margarita deja a su Ra.
Ella se va a recorrer el “duty free” del aeropuerto. Allí prueba 18 perfumes. Cansada de dar vueltas, compra un “gin tonic”, no se sabe si de bote, y se va fuera, a un espacio donde se puede fumar.
Desde allí llama a su amiga. Está eufórica.
No le gusta llamarla delante de su no novio, y que él pueda ver el nombre que le tiene en la agenda de contactos: “Susi poligoner”.
Alexa ya le nota que le patina la lengua. El cubata había hecho mezcla con los litros de sidra que bebió durante todo el día.
Definitivamente, Margarita, es inmortal, o no le importaría morirse en cualquier momento.
El vuelo salía a las 8 y media de la tarde, llegaba a las 21:35, hora de Túnez. Sí, Margarita desconocía la diferencia horaria.
Tampoco sabía que, a las 18:20, era noche cerrada en el país de vacaciones.
Entre el cambio de hora, el desembarque, la espera del autobús que los llevaría a Monastir, llegaron bastante tarde al hotel.
No pudo ver el mar, que casi entraba en el hall del hotel, ni las palmeras. 
Exhaustos entran en la habitación. Margarita, allí me colé y en la cama me tiré, además de que litros de alcohol corren por mis venas y Ra, no me des tormento… Poco más que la cama pudo ver, sin ducharse, no tenía fuerzas para nada, oliendo a toda la mezcla de perfumes que se había echado, se quitó la ropa y se tiró sobre la cama.
A un lado, Ra, sin acomodarse, ya estaba dormido ni bien cayó en posición horizontal...



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