viernes, 4 de octubre de 2024

MARGARITA/CAP.3©®

 






Margarita se entretiene con el chico de los tés y las cachimbas, por lo que, cuando sale, a contonearse por el exterior de las instalaciones, se encuentra a Ra tirado en una hamaca.
Como si hubiese estado allí toda la vida, el hombre, en posición sexi. Brazos debajo de la cabeza, estirado, con una pierna doblada...
A Margarita le pareció más flaco que de costumbre... Pero era su Ra, su Quijote, no sabemos si, para él, ella era un molino contra el que luchar, y por eso, caía rendido en cualquier lado. Ra no era perfecto, bueno, ni estaba llegando al camino de emprender la ruta hacia la perfección. Pero Margarita... Margarita tenía el don de cansar aunque no la escucharas. Aislarse un rato de su presencia era complicado, estaba siempre revoloteando.
Continuó su andadura por el recinto, iba a respetar el descanso de su guerrero... ¡Na! ¡Qué respeto! No pensaba sentarse hasta inspeccionar todo aquel lujo asiático.
De las tumbonas, pasó a la zona de camas “chill-out”, cubiertas por vaporosas telas blancas. Muy cerca, en la orilla del mar, había columpios, utilizados mayormente para hacerse selfies.
Definitivamente, aquello era lo que había deseado para vivir y no le importaría morirse en aquel paraíso.
Se bañó en el mar y fue al encuentro de su no novio, antes de que quedase achicharrado en la tumbona.
Raimundo era como los niños, no paran quietos, pero cuando se cansan, se caen en cualquier rincón.
Allí estaba, en la tumbona, medio cocido o asado, y los cuatro pelos de la cabeza pegados por el sudor.
Deciden ir a la piscina, Ra, sin abandonar su copazo de cóctel, Margarita, con uno recién servido.
La piscina tenía toboganes bastante grandes. Ra, sorprendió a su amada, queriendo probar aquel artilugio.
Margarita era atrevida para vestir, para los demás riesgos de la vida, era una acojonada convencida.
Ra estaba emocionado y la dejó dentro del agua, estratégicamente colocada para grabar su hazaña.
Lo ve en lo alto del tobogán, de pie, casi transparente por la iluminación solar, esperando a que todo quedase despejado.
Un, dos, tres, y aquel manojo de huesos, se tiró por el tobogán.
Pegado a la superficie, como una loncha de chopped, fue deslizándose torpemente, hasta finalizar con el típico “chof” dentro del agua.
Un poco de vergüenza ajena sintió Margarita... Y era raro...
Hinchados de tanto beber, sin saber lo que realmente bebían, con la palabra cóctel arreglaban todo, sin saber sus ingredientes, comieron, merendaron y cenaron.
Margarita, todo basado en pollo y pasta, lo que podía certificar, lo demás era desconocido para ella.
Ra, no... Raimundo se zampaba de 6 a 8 platos diferentes, daba igual que fuese al desayuno que a la cena, todo le entraba y, lo que era sorprendente, le cabía.
En beber era un mano a mano, o quien era capaz de beber más de los dos y seguir vivo.
Margarita se quejaba de que el alcohol de allí era muy suave y solo lograba coger un “puntito”...
Advertir que, el “puntito” de Margarita, podría hacer tambalear a toda la tripulación de un barco pesquero de bacalao en Islandia.
Esa noche follaron. Margarita, debió hacer una cruz en el calendario, era algo extraordinario que no sabía cuando volvería a producirse. Quedaros con este dato...
¿Cómo conseguía Ra, con 60 tacos, diabético y con un “puntazo” cojonudo, elevar “algo” y acertar con el “hoyo”? Era tan misterioso, o milagroso, como que Margarita sintiera que estaba siendo “poseída”. Quizá por todo ese esfuerzo, mental y físico, las relaciones íntimas se iban espaciando más, aunque no las ganas de Margarita.
A la mañana siguiente, teléfono en mano, contó a su amiga las andanzas del día y noche anteriores. Todo le gustaba, de todo disfrutaba con ilusión exagerada.
Incluyó a Raimundo que, desde que salieran de Vizcaya, no habían discutido y se soportaban gratamente, todo fluía.
No habían estado tanto tiempo juntos desde su viaje a Tanzania.
Los viajes los elegía Ra, eran su regalo y parece que le gustaban los países que empezaban por T y que eran exóticos, aunque no tuviera la noción exacta de su situación en el mapa y menos aún de su cultura.
Se acostaban pronto, anochecía antes que en Vizcaya y, lógicamente, se levantaban temprano.
Margarita tenía que convencer a Ra para salir del hotel y conocer un poco del país... Le iba a costar lo suyo, el tío trotaba todo el día por el hotel, pero salir le costaba, se cansaba, decía. Más bien le daba pereza y no tenía ni al mínimo interés en ver nada.
Seguiría intentándolo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

GLORIAS POR LA GRACIA DE LAS PESETAS

 Hace unos días, saltaba la liebre. Un presentador, muy conocido, de la RTVE Canarias, fue invitado a un podcast. Entre varias declaraciones...