jueves, 3 de octubre de 2024

MARGARITA/CAP.2©®




 
Primera noche en Túnez superada con éxito.
Raimundo estaba acostumbrado a madrugar, y no perdía su hábito ni en vacaciones.
Pero no molestaba. Salía y, cuando imaginaba que Margarita estaría lista, subía, para bajar juntos a desayunar.
Margarita aprovechó la soledad para hacer un “tour-room” en vídeo y mandárselo a su amiga.
Estaba emocionada. La habitación era enorme, la cama inmensa, la decoración minimalista, teniendo en cuenta el gusto árabe por los dorados y filigranas.
El armario era tipo vestidor. El baño muy moderno. Con entrada frente a uno de los lados de la cama, tenía la puerta de cristal opaco. Nada íntimo para mi gusto; al encender la luz, se distingue perfectamente lo que estés haciendo dentro, aunque sea en modo silueta.
Tenía dos piletas y una bañera con mampara, también en cristal opaco. A su amiga hubo un detalle de ese cristal de la bañera, que la dejó inquieta…
Cuatro dedos marcados en el cristal,dibujaban una figura siniestra... Parecido a una escena de la película “Psicosis”.
Y llegó la joya del baño… ¡El inodoro! Al lado de un gran plato De ducha. El váter, de esos que están suspendidos en la pared, y con una pequeña ducha de alcachofa al lado.
Para Margarita era un invento de la NASA todavía por probar.
No quiero ser escatológica, pero coger una cosa que alguien cogió previamente para lavarse el culo… ¡Pues no! No tengo la seguridad de que aquello esté perfectamente limpio, me explico, ¿no? Una manguera flexible de ducha y la alcachofa, usados para lavados tan concretos, no ofrece tranquilidad ni seguridad.
Margarita, sin embargo, estaba maravillada.
La habitación tenía balcón. No estaba orientado al frente, pero podía verse el mar muy cerca, mirando hacia un lado y a lo lejos, la inmensidad.
De frente, cuatro palmeras achicharradas, una carretera y al otro lado, una mole de edificio, que debía ser otro hotel.
Margarita iba narrando cada escena.
Fuera de la habitación, desde el piso donde estaban, grabó el hall. 
¡Enorme! Lámparas de todo tipo, raras, horteras y modernas, pues había de todo mezclado, y un montón de ascensores.
A Alexa, su amiga, le vino a la cabeza, cómo haría Margarita y Ra para subir cada noche, hartos de cócteles molotov, y no equivocarse con tanto ascensor…
El hotel era muy grande, con diferentes espacios y caro, bastante caro.
Alexa se imaginaba a Margarita cuál niña pequeña, anonadada con todo y parloteando con acento vasco y guiños al asturiano, ya que su ascendencia era ovetense y había residido en Oviedo hasta que conoció a su primera pareja.
No fue capaz a introducir un traductor en el móvil. Allí se había plantado, sin saber inglés y desconociendo el idioma que hablaban en Túnez, creía que hablaban en tunecino…
En mitad del hall, se encuentra un “stand” de tés y cachimbas. 
El dependiente, persona autóctona y ataviado con traje típico, estaba formado para tratar con la peña que va de turismo.
Amplia sonrisa y haciendo casito a cada uno que, como Margarita, se paraba a grabarlo.
“Mira, Alexa, qué majo ye”, gritaba Margarita mientras lo grababa.
El chico cantaba algo y hacía como si bailara, alegre, contento y amable por cojones.
Alexa le comentó que era muy guapo, a lo que Margarita respondió que sí, pero que estaba con Ra y no podía ni pensar en eso.
Ella siempre predispuesta, aunque en esta ocasión, no era el momento.
¿Dónde estaba el no novio? A su aire, dentro de las instalaciones, inspeccionando zonas, pero a su bola.
Así era Ra, así era su relación de pareja, rara.
Coincidieron para desayunar y subieron a cambiarse de ropa.
Ra, con un bañador azul celeste. Margarita, un mini biquini fosforito. 
Biquini pequeño, porque Margarita se empeñó en comprarse modelos que se incrustaban y perdían proporción entre las lorzas de su cuerpo serrano.
Admiro profundamente a Margarita…
Su autoestima despistada la hacen carecer de todo gusto a la hora de vestirse. Y no me refiero a que no se deba vestir como si tuviese 20 años y fuese un figurín. Puede vestirse como quiera, otra cosa es que esté favorecida. 
Ella entiende que tiene que ir como Thalía, arrasando por la vida.
La pareja, con “perfomance” playero, se tiran a disfrutar de las zonas VIP del hotel con tarifa “Prestige”… ¿Será presagio de desastre…?





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