lunes, 13 de mayo de 2024

EL REGRESO DE MARGARITA/CAP.5©®

 





Margarita tuvo un día que ni fu ni fa, “no ni na”; digamos, que de transición.
Comió, bebió y durmió. 
Las ganas de playa que tenía esta mujer, lo que dio por culo en el anterior viaje, al llover todos los días, y aquí estaba off.
Lo cierto, es que enseguida se cansó. Había de todo lo que le gustaba, pero no encontraba su hueco, y todo era “carisisísimo”. Margarita estaba acostumbrada a alternar; a cenar muy bien y a beber mejor, pero, a gastos pagados. El no novio cumplía esa función, la única razón que lo unía a él. Ahí no había pasión, cariño o algo enternecedor. Margarita no es mala persona, pero es un ectoplasma.
Al día siguiente, el ectoplasma, se iba a Sóller. ¡Le encantó! Menos el tren turístico; la duración del viaje fue excesiva, según ella, claro.
Estaba en el puerto, los puertos son su pasión, cuando me llamó.
—¡Alexa, esto es precioso! ¡Hay un montón de barcos!
A ver, que haya barcos en un puerto de mar, no es raro... A ella, parecían ponerla cachonda.
—¿De recreo o pesqueros? —pregunté.
—Yamaha, son Yamaha —dice, la burra.
—A ver, Marga, “Yamaha” es la marca del motor fueraborda...
—¡Va! ¡Yo qué sé! —termina diciendo.
¡Na! ¡Tendría razón encima!
Llegó cansada al hotel. Creo que se harta de los viajes al segundo día, salvo que le metan a una compañera de habitación rara, es la manera de activarse Margarita.
Aunque ella en sí misma es todo un ejemplar para hacer una tesis.
El día siguiente lo tenía completo.
Por la mañana, visita a una cueva, comida organizada por medio y, por la tarde, visita a la fábrica de perlas Majorica.
Sin ilusión se monta en el autobús fletado para todos.
La cueva que visitó por la mañana, no le gustó lo más mínimo. Metida entre el tropel humano, iba, como dice el refrán, “¿A dónde va Vicente? Dónde va la gente”. 
Los llevan a comer a un restaurante, donde les sirven un plato de aguachirle con lentejas flotando. Margarita viene de una comunidad donde se come de puta madre, aunque en todos los sitios hay restaurantes de mierda, te sirven esas lentejas en Barakaldo y te corren hasta Irún.
Malcomida, aburrida y cansada, se va a las cuevas del Drach...
320 escalones de bajada, el triple, lo que te parecen cuando es subida.
Y, precisamente, en esa subida iba pensando Margarita mientras bajaba.
Agarrada, como si no hubiera un mañana a la barandilla, no podía concentrarse en otra cosa.
Abajo, les daban un paseo en barco, amenizado con música de violín.
Me envía fotos.
—¡Qué chulada! —le dije.
—¡Pa su puta madre! Respuesta
 firme de Margarita. 
—¿Las perlas, qué tal? —pregunté.
—Precioso todo, pero una mierda. Unos pendientes pequeñitos, 90 euros. Me costaron los que llevo, 7 euros en “Shein”.
¡Pues ya estaría! Compara el emporio chino con las famosas perlas de Mallorca, nada que añadir.
No vuelve más, no está para excursiones y está deseando regresar al hotel y tomarse su “Fanta" con misterio.
Margarita pasó todo el día siguiente de relax. Qué no le hablaran ni la mirara nadie. Estaba hasta el chirivisco de Mallorca, era una puta locura, parecido a Madrid.
Al Madrid que ve en la tele, porque no tengo constancia de que haya pisado la capital de España.
Aprovecharía el día siguiente para hacer algo productivo. Hoy descansaría de todo el “jari” de la excursión; además, el día estaba nublado.
Eso pensó antes de dormir la siesta, porque, cuando despertó, se arregló y se tiró a la calle sin conocimiento.
Y sin conocimiento bebió. Sus “Fantas” espirituosas, bebidas en varias terrazas, la llenaron de júbilo y satisfacción. Recaló en un restaurante para llenar el buche.
Allí, pidió unos mejillones y un “Albariño”, todo un manjar gallego, en Mallorca, que degustó a disgusto, pues, parece ser, que estaban malísimos. No sabremos de cuando eran los mejillones, pero en mayo, las hembras del mejillón están en periodo de reproducción y no es el mejor momento para comerlos. Ahora vas, y le cascas esto a Margarita, que lo entienda, ya es otra cosa.
Del restaurante, se acuerda a duras penas, que se fue a otro garito. También recuerda que estaba lleno de alemanes. Mallorca está lleno de alemanes…
¿Cómo sabe Margarita qué son alemanes? 
¡No lo sabe! ¡No tiene ni puta idea! Los guiris, para Margarita, son todos alemanes, sin distinción.
Del último garito, arrastrándose, llega al hotel. Se dirige directamente, bueno… Directa, directa… Más bien haciendo eses, se va al bar de la piscina. ”Cerrado”, “Closed” “Geschlossen”, para los guiris de Margarita.
¿No podría comprar su “Fanta”? ¡No podía ser! Ahora que tenía gin del bueno…
Había terminado el “Larios” y, en un alarde de tirar la casa por la ventana, compró “Beefeater”.
Al fondo vio una máquina expendedora de bebidas y allá que se fue.
No tiene ni puta idea de nada que tenga que ver con lo digital, pero, cuando la sed aprieta, se aprende a la primera, a pesar de tener que teclear 45 códigos, e introducir el importe, se aviva el cerebro.
Borracha perdida, porque para qué andarse con gilipolleces, se durmió esa noche.
Al día siguiente tenía planazo...


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