A las 4 a.m. se levanta Margarita. Una hora y pico después, toda la trupe de jubilados estaban en el aeropuerto. El autobús llegó rápido, estaban a 5 minutos del aeropuerto. Tardaron más tiempo en subir al autobús y arrancar, que en llegar al destino.
Apostados junto al mostrador de facturación a las 5:45, que no abrió hasta las 7 de la mañana.
Una hora para facturar y otra hora, me dijo, caminando hasta la terminal, porque, claro, el aeropuerto de Mallorca es grande...
Dentro del avión, esperando otro rato largo. Faltaba gente; el autobús de transporte de pista, había dejado a un grupo olvidado.
A las 9:45 llegó al norte. Esperando a su hija, la encargada de ir a buscarla, pensaba en la tormenta que se le venía.
Su hija y el policía se marchaban de vacaciones a “Palma de Canarias”...
—Margarita, Palma de Gran Canaria...
—¡Da igual! ¡Me has entendido, coño!
Eso significaba que sería la encargada de su nieta y un perro labrador, miembro importante de la familia, mientras su hija estuviera fuera.
Con su nieta, a la que llama “muñeca diabólica”, no se lleva bien, como podéis imaginar por el calificativo.
Es verdad que Margarita es rara o especial, su hija también, ¿cómo iba a ser la nieta? Rara, especial y para darle de comer aparte y a través de rejas.
Mayor de edad, parece que está en plena adolescencia. Malcriada, maleducada, caprichosa, vaga...
Su única inquietud es el móvil. En su último trabajo, en un supermercado, la echaron por eso, no dejar el móvil.
¿Por qué tiene que quedarse con una chica de 18? ¿Cuándo, encima, no sé soportan...? Porque la de 18 no sabe ni cortar una tajada de pan para comer. La lavadora es un artilugio desconocido y, seguramente, no sobreviviría una semana, aunque, antes, fallecería el perro. La chica cuando sabe cuando sale; dónde termina y por cuánto tiempo, ya es otra cosa.
Cigarrillos con compuestos, patinete y móvil es todo su ajuar imprescindible.
Sus gustos por los mozos magrebíes son una obsesión.
El perro, ¿qué perro? ¡Se va a acordar del perro!
Esta faena, a Margarita, la agobiaba.
Llega su hija a recogerla y se la lleva a su casa, sobre las 10:30 de la mañana. Supongo que, al principio, lo agradecería, puesto que, aparte de cansada, llevaba desde el día anterior de pie, según ella, no tenía nada para comer y la nevera estaba medio vacía.
El caso es que discutieron ambas y, Margarita, salió escopetada de la casa. Corriendo se fue a Correos, tenía que ir por no sé qué, y al supermercado después.
Para colmo, su no novio la llamó.
Quería “sacarla” hoy... A pasear.
Ella, que siempre está dispuesta, excepto los lunes, no le hizo ninguna gracia. ¡Cómo estaría para no querer salir!
Llenó la nevera lo justo, puesto que, al día siguiente, se instalaría en la casa de su hija.
También llevó suministro de sidra suficiente para dos días, ¡una caja!
El piso, donde residía su hija y uno de la benemérita, era una concesión social con un alquiler muy bajo y todos los gastos pagados.
Una sinrazón con, la gente no necesitada, es premiada.
Era una construcción tipo corrala, donde, la mayoría de los pisos, permanecían con las puertas abiertas y sillas por toda la balconada.
Allí se reunía el vecindario cada tarde a hablar del tiempo y a destripar a la que faltara esa tarde a la reunión...
Margarita y su nieta, apenas tenían diálogo; cada una a lo suyo, hasta ahora, sin molestarse.
La chica, cuando estaba en casa, salvo a las horas de comer, no se saltaba ni una, estaba encerrada en su cuarto con sus “petas” y el móvil.
Margarita tiene claro que, su hija, la dejó de vigilante de horarios de salidas y entradas de la nieta. También como cuidadora de animal, para asegurarse de encontrar un perro vivo a su regreso.
Pero, la vida disoluta de la “Chucky”, le permitía a Margarita mantener sus hábitos; ir a la compra y a tomar el vermú, a media mañana, el refrigerio del e por las tardes y quizá, alguna escapada con nocturnidad. La nieta entraba y salía, como de costumbre, cuando le daba la gana.
Todo estaba saliendo bien...

No hay comentarios:
Publicar un comentario