domingo, 7 de enero de 2024

"DICIEMBRE" CAP. 4©®


 


-Mar adentro-

Me desperté temprano, el suave sol de enero entraba por la ventana; cinco minutos más... para quedarme en la cama y ver el mar, no era suficiente, me levanto y abro ligeramente la ventana, lo justo para escuchar el mecer de las olas y oler... Los cinco minutos se convirtieron en diez.; me levanto y me ducho, recojo mi pelo, me visto y bajo.
Pregunto si puedo desayunar en la habitación, "por supuesto" me dice Juana, puedo quedarme arriba el tiempo que quiera.
Abro las dos hojas de la ventana; la temperatura era buena y el sol la hacía más agradable.
Corro la mesa y la silla  hacia la ventana, separo el centro de cristal pequeño con flores frescas de paniculata y llaman a la puerta, ¡el desayuno!
Dos tostadas de pan de pueblo, un tarrito de cristal con mantequilla "de la casa", un trozo de bizcocho, de ese bizcocho que recuerdo de niña, del de siempre, esponjoso, y un café cortado talla XXL. 
Abro el móvil y pongo mi playlist con música soul... No sé cómo es el paraíso, quizá no exista, pero si lo hay, l¡o estaba disfrutando!
Había decidido no quedarme a comer allí; de camino a casa, haría alguna parada en diferentes pueblos, hasta llegar a uno concreto, donde me quedaría a comer y a pasar la tarde.
Me despido de Juana, agradeciendo su exquisito trato y alabando la calidez de su negocio; Juana me da dos besos, de esos de madre y me entrega el obsequio de la casa, unos jabones pequeños naturales que elabora una hija; eran seis, tres de lavanda y tres de romero, envueltos cada uno en papel  de seda en  color lila y verde, todos dentro de una caja de color naranja con el logotipo de la empresa, "Libélula", en color morado.
A unos pocos kilómetros, me detengo en un pequeñísimo pueblo donde hay una cascada espectacular; el salto de un río para unirse al mar, situado a pocos metros.
Me siento en un mirador al lado de la cascada, había bastante ruido, en enero, el caudal es importante, pero es un sonido que relaja.
A lo lejos, de camino al mirador, veo a alguien que me suena... sí, el de Guadalajara "is coming" y no venía solo.
Se ve que no había perdido el tiempo desde la tarde de ayer, y encontró agujero donde plantar el tronco...
Me reconoció al instante y su estatura aumentó unos centímetros en segundos...
¡El gallo del corral se pavoneaba cómo un pavo! ¡A mí me resultaba un pavo viejo de los que les cuelga todo y cuando aletea ves que le faltan plumas... un horror de "pavo"!
Allí, a escasos metros de mí, apoyados en la barandilla del mirador, agarraba la cintura de la incauta y de manera compulsiva, sabiéndose observado, bajaba de la cintura al culo haciendo presión de macho, la respuesta de la mujer era dándole un pico.
El cerdo se sentía orgulloso, y era tan básico, que pensaba que me fastidiaba la escena o intentaba demostrar que no era un cerdo...
Evidentemente, era un cerdo y no dejaría de serlo, hacía honor al refrán "el que nace lechón..."
Tenía muy claro, aunque el "jamás" no debe utilizarse nunca, que no iba a convivir con ningún hombre, también tenía nítido con qué tipo de hombre no compartiría ni un café.
Estos que están convencidos de que vinieron al mundo a darnos placer, a elegir a sus presas y que ellas deben sentirse extasiadas de que les prestaran atención...
A ver, tipos/tipejos, somos las que damos el visto bueno, las especialistas en control de calidad. Podéis no fijaros en nosotras y nosotras querer que alguno sí se fije, pero cuando dais el primer paso, el resto de todos los pasos depende de nosotras.
Y podéis ir pasando de nivel y acumulando puntos hasta que un gesto, una prenda, una palabra, un olor... puede hacer que seáis nominados y desterrados.
Y tampoco os creáis que las casadas están aburridas y buscan experiencias fuertes, incluso las aburridas, que las hay, no te buscan a ti precisamente...
Ni las separadas están todas buscando donde aposentar su coño.
Las mujeres somos más de "piel", con instintos mucho más controlados de manera natural que vosotros, porque la "piel" nos habla y nos susurra al oído.
Pues allí los dejé sobándose, asqueada por un minuto de mi corta, pero nefasta entrada en el mundo "single".
Pasado el minuto, me olvidé ni bien arranqué el coche.
Música de Sinatra y llegué al pueblo donde tenía previsto comer; busqué por Google un restaurante y elegí un italiano.
Queso "gorgonzola" de primero y espaguetis al pesto de segundo, la albahaca me encanta.
No podría con un tiramisú y tomé helado de nata y pistacho.
Pasee por el precioso pueblo, este era más grande que los anteriores, y me senté frente a la ría que lo bordea.
Allí esperé a que fuese anocheciendo, viendo el ir y venir de gente paseando y disfrutando del reflejo de las farolas en el agua.
De regreso a casa empecé a pensar lo que tenía que hacer a partir de hoy. 
Tenía seis consultas de trabajo que había repartido en dos días; al tener que desplazarme a la ciudad, aprovecharía para comprarme ropa nueva.
Mañana me llegaban unos muebles para la habitación secundaria y el anterior propietario, el pintoresco Jacobo, me había dicho que me pasara por su casa, tenía algo para mí...
Llegué... bajo del coche y me quedo mirando la casa, mi casa...
¿Cuánto tiempo hacía que no tenía esa sensación?
No recordaba...
La casa, el hogar, con todo lo que lleva implícito, es lo que te cura de cualquier herida; te debe dar paz, estabilidad, seguridad... y nunca pereza.
Por primera vez en no sé cuánto tiempo, deseaba entrar...
Un "boas noites, Carmiña" me sacó de mis "cosas", una vecina subía la cuesta, desconozco su nombre; como en todos los pueblos, saben el nombre del recién llegado...
Tú los distingues por el físico, ja, ja, ja...

















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