viernes, 19 de enero de 2024

"DICIEMBRE"/Cap.15©®




- Aceptación -

Dormimos toda la noche del tirón, después de cenar y charlar un rato, viendo la inmensidad de la noche tras aquella ventana gigante.
Dejé claro que no me gustaba el salmón, presiento que tendré una adaptación alimentaria dura…
Noruega no es un paraíso culinario y yo no soy de comer lo que no me gusta.
Volvimos a hacer el amor al despertar, me recordaba a los tiempos de los primeros novietes, donde siempre estábamos dispuestos.
Samuel preparó el desayuno, mientras yo ventilaba la habitación y me duchaba.
La ventilación en época de invierno en Oslo es abrir y cerrar… -17º ¡te hiela el pensamiento!
Durante el desayuno planeamos el día; ir de compras era el plan.
Yo necesitaba, en principio, artículos de aseo y diversas cremas.
Samuel se decidió por ir a un centro comercial, sería más fácil hasta que yo conociese los productos o donde adquirir mis marcas, si las había.
También hablamos del despacho, él quería dividirlo para que yo tuviera mi consulta más privada.
Sentía cierto pudor en algunos planes, porque no sabíamos cómo iba a resultar aquello, pero, meditando, es como cuando te casas, tampoco sabes si va a durar siempre y te compras una casa y miles de cosas.
Comprar ropa también era una tarea imprescindible; no me había llevado todo ni tampoco hubiera sido ropa adaptada para estos fríos polares.
Después de las compras varias, donde encontré casi todo lo que necesitaba, lo demás, fue sustituido por marcas que me recomendó Samuel, nos fuimos a comer, tenía una reserva en un local precioso.
Yo hablaba inglés, aunque hacía tiempo que no lo practicaba, no tenía problemas para expresarse o entender, y menos mal… ¡El noruego es como el Euskera al revés! ¡Y mira que el Euskera es difícil!
Samuel se reía con este comentario mío, dijo que no era para tanto y siempre se podía acelerar el proceso de aprendizaje yendo a clases.
Pues nada, ¡ya me veía aprendiendo noruego a marchas forzadas!
Y planteé una cuestión que a Samuel no le gustó demasiado.
Yo quería hacer desde ya vida normal, es decir, no andar haciendo turismo cada dos por tres, sino hacerlo con calma, ir conociendo poco a poco.
¡Samuel quería mostrarme todo! Pero yo pensaba que no era práctico ni bueno. Me fui para compartir vida, no para transformarla de manera abrupta. La rutina, lo cotidiano, es sano para la mente, lo otro era como estar de vacaciones y no sería real.
Quería empezar mis consultas, aprender noruego y conocer la ciudad poco a poco y por mí misma, no solo con él, porque él tenía sus ocupaciones y costumbres.
Aprender el nombre de las calles ya sería una ardua tarea; donde estaba el piso de Samuel, era impronunciable.
Volvimos a casa con las compras y eché la tarde colocando mi ropa, deshaciendo las maletas y mirando donde estaba todo, haciéndome al entorno.
Samuel guardó la compra del supermercado e hizo algo relacionado con su trabajo en su despacho.
Cuando yo terminé, nos sentamos en un mullido sofá, hablamos con sus padres y después con Marta por videollamadas.
Llegó la hora de la cena e hice sopa de verduras y tortilla de patata, huevos y patatas hay en todos los sitios, el aceite español es caro, pero me niego a cocinar con el aceite de colza que allí acostumbran.
Pagó todo Samuel, algo que me incomodó y a lo que me negué, ante su empeño y a que en Noruega nadie levanta mínimamente la voz ni gesticula apenas, preferí comportarme como una noruega de toda la vida y con ascendencia vikinga…
Llegó la charla, yo tenía el nudo más apretado por lo del pago unilateral de las compras e inicié tema controvertido…
Le expliqué que siempre había sido independiente y pensaba seguir siéndolo. Intuí desde el primer momento que era un tío muy bien posicionado, cosa que fui confirmando, nunca porque él hubiera sido presuntuoso, sino por cosas obvias, actitudes de alguien que se permite gastos o formas de vida a su alcance.
Pero eso no fue lo que me atrajo de él, ni lo necesito. No estaremos a un mismo nivel económico, pero sigo siendo cómodamente independiente.
Y tendríamos que hacer ciertos pactos, pues yo quería contribuir en gastos que eran comunes.
Estuvo atento a todas mis explicaciones sin rechistar ni dejar de mirarme. Cuando terminé, escuché su argumento.
Lo primero que dijo fue si yo pensaba limitar lo que él quisiera regalarme, porque no estaba de acuerdo.
Se estaba refiriendo a la ropa que me había comprado.
Obviamente, le dije que no.
Las demás compras, para casa, comida, aseo, cremas… Su visión era que yo había dejado mi país para irme a otro completamente diferente.
La comida era su obligación, los gastos de la casa, también.
Los artículos de aseo no los puse llevar, están permitidos en pequeñas dosis. Un país nuevo para mí, lo lógico es que fuese él quien corriera con esos gastos. Así como la ropa, pues es muy diferente a lo que uso en mi país, la climatología es diferente.
No le faltaba razón, pero yo no estaba acostumbrada a eso.
Y de pactos nada, se hablan las cosas cuando se está en el contexto concreto.
—¡Vaya! —Dije— ¡Pasas absolutamente de lo que he dicho!
—No, te he escuchado, no estoy de acuerdo con pactar gastos de antemano.
—¡Pues de puta madre! Pero no es así.
—Sí, lo es, llevo viviendo aquí veinte años, elegí la casa que quise y son mis gastos.
—¡O sea!, ¡Estoy en un hotel a pensión completa! —Dije enfadada.
—Carmen, mi casa es nuestra casa, puedes entrar, salir, cambiar o hacer lo que quieras; irte a la calle y comprar lo que te dé la puta gana cuando te dé la puta gana. ¿O quieres pagar tu estancia porque estás de vacaciones?
—¿De qué estoy? —Dije más cabreada?— ¿De mantenida? 
—¡Tú sabrás a qué has venido! ¿De vacaciones? ¡No me jodas, Carmen!
——¿No querías que viniera? —ya levanté la voz
—¿Qué dudas tienes, Carmen? ¿A qué coño viene esa pregunta? Solo pagué la compra y unos regalos…
—¡Claro! ¡Estoy exagerando! ¿No? 
—¿Qué pasa entonces, Carmen? ¿No era lo que tú esperabas? —Dijo él—.
Me quedé en silencio… Creo que era una discusión de gilipollas y yo la había iniciado…
—Vine porque te quiero, Samuel.
—¡Hombre! Es curioso…
—¿Qué es curioso? —Pregunté.
—¿Qué? Pues es curioso que hayas venido por la misma razón que yo quiero que estés aquí, ¡eso es curioso! Porque llevo la polla de años sin convivir con nadie porque no quiero, o porque no quise a nadie, para tener este tipo de relación.
Porque, quizá, sin ser consciente, te estuve esperando. Y era feliz, fui feliz, salía con amigos, me follaba lo que me dejaban, que era bastante, por cierto, pero no lo cambiaría por los días que estuve contigo ni por hoy.
Seguramente tampoco por lo que venga si estás tú—.
¡Hostia puta! Nunca tuve una declaración de amor semejante desde que Carlitos me escribiera una carta en séptimo de EGB…. ¡Y este tenía 48 tacos! Un presente fantástico y un futuro prometedor en todos los sentidos. 
Tenía delante de mis narices al “braguetazo” del siglo, ¡y yo con estos pelos!
Lo miré y me puse colorada de la vergüenza, supongo… Bajé la cabeza.
Me levantó suavemente la barbilla…
—Nena, ¡estás como un tomate!
—¡Idiota! —le grité—.
Soltó tremenda carcajada y me dijo:
—¿Recuerdas la primera vez que te pusiste colorada ante mí?
—¡Sí, bobo! Estaban también tus padres.
—¡Ajá! ¡Lo que no sabes es que ahí me quedé enganchado! —Dijo.
—Ya, ¡miénteme!
—Me gustaste físicamente, nada más verte, me gustó tu moño, me gustó tu voz, tus gestos… Me encantó que una tía tan segura, al segundo de soltar un comentario de adolescente, se pusiera colorada. Y me molaba, no sabes cuánto, que evitaras mirarme a los ojos, rozarme…
¡Yo me ponía cachondo pensando en deshacerte el moño! Ja, ja, ja, ja, ja.
—¡Sí, hombre! ¡Cómo un adolescente bobo! —Dije muy sería.
—¿Crees que miento? —dijo.
—¡Yo qué sé, Samuel! 
—Solo tienes que mirarme, Carmen, estoy igual que aquellos días… o tocarme…—.
¡Buffff! Me estaba poniendo negra, después de colorada y me entró un calor de repente…
—¿No quieres comprobarlo? —Dijo sonriendo—.
Y yo que soy curiosa…. 
¡Lo comprobé! ¡Y lo probé! ¡Entero!
Aquel salón, abierto al mundo, fue cómplice de la pasión desenfrenada de dos seres sedientos el uno del otro… Cómo diría algún buen escritor…
Yo diría que nos volvimos locos follando dentro de un escaparate…






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