lunes, 8 de enero de 2024

"DICIEMBRE"/Cap.6©® Imagen/Vía Pinterest


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 -Surgió la lluvia-

Lloviznaba cuando regresaba a casa, a mitad de camino comenzó a llover a cántaros.
Lo que hubiese sido un peñazo de viaje, se había convertido en emocionante.
Puse a "Coldplay" como compañía o como banda sonora de no sabía muy bien qué, pero ahí estaba, yo y mis circunstancias, esta que me esperaba, había sido elegida y molaba mucho.
Entré en casa, hacía calorcito de hogar; dejé una pequeña compra en la cocina, una masa de hojaldre que haría al horno relleno de jamón y queso variados, también compré unas endivias por si no cenaba sola... invitaría a Samuel, eran las siete de la tarde y entre unas cosas y otras, seguramente se haría la hora de cenar.
Le mandé un mensaje con la invitación, me iba a duchar y a las ocho podría venir.
Me contestó al segundo, acababa de llegar a casa y también iba a darse una ducha, por supuesto aceptó la invitación a cenar.
Me duché, nerviosa... Me cabreaba conmigo misma por momentos, tenía la impresión que era una imbécil.
Me vestí una camiseta blanca de tiras, un pantalón fino  gris de los de andar por casa y una sudadera, conjunto cómodo de los que había comprado tres; Calvin Klein tenía una promoción en ropa interior, pijamas y conjuntos para casa.
Me recogí el pelo en un moño alto y bajé a preparar el hojaldre.
A las ocho en punto, sonando el reloj de la iglesia, llamaron al timbre...
Allí plantado, con dos botellas de vino, estaba Samuel.
Se quitó el plumas que traía puesto y, ¡menos mal! Venía vestido informal, pensé...
Al segundo, también pensé, "idiota, ¿iba a venir de traje?" Obviamente, no.
Tampoco yo, ni por un momento, barajé la posibilidad de arreglarme...
"Carmen, no seas boba, por favor, viene a cenar y a ver unas acuarelas que te regaló su padre que, casualmente, vive al lado".
Me dio los dos besos de rigor, poniendo una de sus manos en mi cadera...
¡Va! ¡A charlar, cenar y mostrarle lo que venía a ver! Era mi yin y mi yang.
Se sentó en mi sofá, mirando a su alrededor.
—Te ha quedado muy chula la casa. —dijo Samuel— Por supuesto que  la conocía vacía, algunos diseños se los sugerí yo a mi padre.
—Sí, el diseño me encantó, el color de las ventanas la hace especial, y yo andaba buscando algo así. —Respondí—.
—Pues debes ser diferente, mi padre también buscaba un comprador distinto al habitual, la ha visto mucha gente y la mayoría se la hubiese comprado y no la vendía. 
Me dijo que había sido la casa de sus abuelos, él mismo se había criado gran parte del tiempo con ellos y ambos le tenían un cariño inmenso a esa propiedad.
Su padre le decía que se la vendería a quien le hiciera sentir un click y parece ser, que conmigo lo sintió.
Samuel me dijo si podía encender la chimenea, no tenía frío, al contrario, me soltó... Pero le gustaba el ambiente que creaba  una chimenea encendida.
Mientras la encendía, fui por dos copas y el sacacorchos, también retiré el hojaldre del horno.
—Podemos cenar cuando quieras, ¿quieres ver las acuarelas ahora o después? —dije.
Se sentó de nuevo, me miró, me hizo una señal para que me sentase, cogió una de las botellas, la abrió, sirvió el vino, me dio una de las copas, cogió la suya...
—¿Por qué quieres brindar? —me dice.
Me quedé en blanco unos segundos, y aquel hombre, medio desparramado en mi sofá, me hace una pregunta muy fácil... ¡Y no sé qué decir!
—Por la casa, por las acuarelas, el hojaldre de la cena... ¡Glup!—.
Otra idiotez...
—El hojaldre me encanta, la casa es como mi casa y las acuarelas las vi, mi padre me pidió opinión, me dice sonriendo—.
Esa sonrisa...
—Brindo por ti, —prosiguió.
—Brindo por la gente valiente, por las personas coherentes y por las que desatan nudos para ser libres.
—Intuyes muchas cosas, —le digo.
—Sí, también intuyo el temor o la inseguridad y no hay motivo para sentir ninguna de las dos cosas, un sorbo y nos vamos a ver las acuarelas, un poco de distensión vendrá bien.
—Vale, me parece perfecto, le contesté.
Me levanté resuelta, él también lo hizo y me dispongo a enseñarle la casa, la cocina y un baño estaban junto al salón.
—Después, ahora quiero ver lo que nos apetece,  las acuarelas... —Dijo sonriendo—.
¡Bien! No quería ni pensar, intentaba poner mi mente aséptica a todo lo que sentía que Samuel me estaba diciendo entre líneas, pero, ¡coño! ¡No podía estar equivocándome tanto!
¡Me daría un poco de "cuartel" y confianza! Creo que me notó lo que pensaba por el gesto de mi cara; me coge los hombros y me susurra,
—¿Va todo bien? ¿Cómo te sientes?
—¡Estupendamente! —dije, mientras giraba para subir la escalera y me daba un trompazo al primer escalón—.
Me levanté como un resorte, no quería acordarme de la leche que me acababa de dar; por lo tanto, ¡no había pasado nada!
Lo miré y le dije: —¡De puta madre, todo va de puta madre!—.
Soltó una carcajada, al tiempo que me miró sorprendido.
Entramos en la habitación "primavera", le encantó, dijo que era la casa del color, del buen rollo, que era lo que yo transmitía.
La habitación, sin cortinas, tenía un amplio ventanal al frente, como el de mi dormitorio, aunque sin balcón, y otra ventana, también desde el techo al suelo en otra pared, aunque más estrecha.
Le enseñé las acuarelas... Él no dijo nada... no me acordaba que las había visto antes que yo...
Y así estaba yo, dándole explicaciones sobre los colores de las flores, la delicadeza de la técnica.
Él, a cada desarrollo mío, respondía con un "ajá"; al tercer o cuarto "ajá" me doy cuenta, el tío estaba siendo muy educado y se debía de estar descojonando...
De espaldas a él, me apoyo en la mesa y digo lo que estaba pensando en voz alta: "¡Soy una Bridget Jones de la vida!" y me dio un ataque de risa.
Se acercó, yo seguía de espalda, se arrimó más... Me cogió por la cintura... Ahí, ya dejé de reírme, y sentí un escalofrío.
Me estrechó más la cintura... Y me susurró al oído: —¿Llevas las mismas bragas que Bridget?
¡A la mierda! ¡Había despejado mis dudas! Y había hecho desaparecer a la jodida torpe que conocía desde hacía día y medio.
—Mis bragas ahora mismo se han caído, le respondí—.
 Empezó a besarme el cuello... Suave me iba dando la vuelta hasta que nos encontramos de frente...
Abrazados y a besos nos movíamos por la habitación, era una danza diabólica...
Así, bailando al ritmo de los besos más húmedos, nos paramos en la otra pared, yo pegada al cristal de la ventana... Me quité la sudadera, él su jersey y camiseta... Tenía un torso suave, con el bello justo y olía muy bien...
Todavía pegada al cristal me bajó el pantalón y las bragas, agarrándome fuerte de las nalgas...
Ahí tuve otro momento Bridget Jones... Ja, ja, ja, ja, ja.
Reparé que sus padres, que vivían al lado, podrían estar viendo mi culo desde su casa y como pude, más o menos, se lo dije.
Los dos nos echamos a reír, terminé de quitarme el pantalón y las bragas, lo cogí de la mano y lo llevé a mi dormitorio.
Sentado en la cama, yo de pie, no dejaba de besarme todo lo que encontraba en su recorrido, mientras se desnudaba del todo.
Hacía mucho tiempo que nadie me "ponía" tanto y no quería disimularlo, quería disfrutar de todo aquello...
Me senté encima, momento apto para ponerse un preservativo que tenía en un bolsillo del pantalón, bueno, en realidad, cogió uno y se cayeron otros... ¡Venía preparado para mucha fiesta!
Jugué con todo aquello que le sobresalía...no dejaba de besarme, me cogía la cara con las manos...
De vez en cuando susurraba palabras que no entendía, pero me excitaba más.
Se recostó en la cama sin parar de movernos, me acariciaba los pechos... las caderas...me apretaba contra él...
No quería que aquello terminase, pero yo estaba llegando al final y llegó cuando me empezó a acariciar todo lo que estaba alrededor de su pene a punto de estallar dentro de mí.
Con esa bomba dentro, se incorporó...
—¿Quieres más? —me dijo muy caliente.
—No... —Le susurré, todavía con el corazón latiendo a mil—.
Me acostó...se arrodilló de frente a mi, abrió mis piernas y me arrastró hacia él...
—No te muevas... Métela y mírame, —me dijo—.
Me estaba gustando otra vez, tanto, que me costaba estar quieta... y le pedía "más"... Me daba más...
Volví a terminar unos segundos antes que él.
Acerca su cara a la mía y me dice: –Querré más de esto—.
Me besó y absorbió mi lengua hasta el infinito...
 Puse música de Aretha Franklin en un dispositivo que tenía en la mesilla, me fui al baño, mientras, en la calle, seguía lloviendo intensamente; en la cama, Samuel, todavía  empalmado y con el condón puesto...
Romanticismo en el 2024.








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