Aquella tarde en casa de Paz fue interrumpida con la llegada del marido de Paz antes de lo previsto.
Por primera vez, Adela veía de cerca y de frente a Fer.
Era un tipo alto, poco agraciado, medio calvo, tirando a rubio y muy serio.
Adela se acordó de lo que le había dicho su otra amiga.
Un seco "buenas tardes" y una breve presentación por parte de una Paz un tanto nerviosa.
Apenas cinco minutos y Adela se fue. Su hija se quedaba con Victoria, estaban a su rollo en la habitación.
Adela y su marido iban haciendo amistades nuevas que iban llegando al edificio.
En la calle donde vivían, había alguna cafetería y un restaurante.
Empezaron a frecuentar uno de esos locales; solían ir todos los fines de semana.
Allí también coincidían con otras parejas de vecinos y de la zona.
La hija de Paz solía quedarse a dormir en casa de Adela los sábados; Paula y ella continuaban siendo inseparables.
Adela y su marido se unían a esas personas afines y realmente lo pasaban bien y con la ventaja de estar a pocos metros de casa.
Paz y Fer, juntos o por separado, nunca se les veía en ningún local.
Es cierto que Fer, al trabajar en hostelería y llegar a casa tarde, no tendría muchas ganas; Paz, ni idea.
Cuando se vinieron a vivir ahí, ella había dejado el trabajo que tenía, no se sabía realmente cuál había sido ni por dónde se movía ahora.
Sí, era un poco raro todo, pero desde la distancia de los años, en ese momento, ni se pensaba en ello.
Adela y su marido habían hecho piña con bastantes vecinos, Paz y Fer, con nadie.
Su hija mayor trabajaba a ratos en lo que le salía o le apetecía; se pasaba los días en la ciudad con sus amigos y un novio.
Llega el verano.
La playa la tenían a un kilómetro de distancia.
Adela estaba acostumbrada a irse con Paula a la playa por las mañanas.
Se cogía las mismas vacaciones que su hija; a veces se iban a esa playa del pueblo, otras cogían un autobús para otras playas diferentes.
Su horario lo establecía a su gusto: llegar sobre las once de la mañana a la playa y regresar a casa entre las dos y media o tres. Detestaba estar todo el día en la playa y las tardes playeras le gustaban poco.
Al cambiarse de casa, y Paula ser más mayor, podía irse con las amigas ella sola e iban después de comer.
Ese primer verano, se les juntó Paz, que había insistido a Adela para que fuese.
No logró convencerla.
A las tres estaba tocando el telefonillo y Paula bajó.
Adela se fue a la ventana a saludar; habían cruzado al otro lado de la carretera y pudo verlas perfectamente.
Allá iba... Con un vestido blanco de tiras finas en los hombros, largo hasta los tobillos, muy vaporoso y completamente transparente.
Debajo podía verse un biquini-tanga escaso de color negro.
Sus gafas-lupa, pelo engominado, sandalias de esparto de cuña altísima y sus movimientos al andar...
¡Un kilómetro de contoneo por una carretera con tráfico parecido a la M30!
Adela flipaba entre admirada, absorta y descojonada de la risa.
Era todo lo contrario a Paz... De camisetas blancas y pantalones color beige de lino en verano, sandalias planas o CONVERSE; pelo rizado natural, aunque muy cuidado y cero maquillaje. Para la playa, pantalones cortos y camiseta de tiras. Por supuesto, usaba biquini y hacía topless; el problema no era que Adela no fuese moderna, ¡era natural!
Paz era una bomba indiscreta en su apariencia y gestos.
Escuchó el claxon de cada coche que pasaba hasta que las perdió de vista...
Esa noche, Paula le dijo a su madre que Paz se había pasado toda la tarde de arriba abajo por la playa y que toda la playa murmuraba...
A ver, la playa era enorme, pero solo iba la gente del pueblo y ya sabemos lo que pasa... ¡Paz iba divina para la fiesta de la espuma en Pachá!
Ya en septiembre, y curadas todas del "espanto" del verano, Paz le dijo a Adela que empezaba a trabajar; cerca de casa, un mesón necesitaba camarera. Se presentó y le dieron el trabajo.
Con Paz y Fer trabajando, sin venir a casa a mediodía, Victoria comía la mayor parte de los días en casa de Adela.
La chica y Paula (hija de Adela) venían juntas en el bus escolar y Paula la invitaba a comer.
A veces era un engorro para Adela; se iba muy temprano a trabajar a la ciudad y llegaba a las dos y media a su casa.
Algunos días dejaba comida preparada la noche anterior, otros, dependiendo de lo que hiciera de comer, se preparaba en el momento y para su hija ya sabía qué cocinar, conocía sus gustos y las cantidades. Al final, también tenía que preocuparse de si venía Victoria o no.
¡Y Adela era de una previsión increíble! Tremendamente organizada, no le gustaban los cambios por sorpresa, la incomodaban y se lo decía a Paula, pero daba igual...
Uno de los días que Paz libraba en su trabajo, decidió que fuésemos de paseo a la ciudad con las dos chicas.
Así lo hicimos; Paz se vistió de reina, Adela de plebeya y bajamos a la parada del autobús...

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