Había una marquesina transparente con asiento; detrás y a ambos lados, era campo; delante, la carretera general, siempre con tráfico denso.
De repente, Paz emite un pequeño chillido, al tiempo que se agacha; recoge algo del suelo.
Era un billete de 20 euros perfectamente doblado.
La hija de Adela se ríe y dice que es como el suyo; en casa había cogido un billete de 20 euros de su hucha particular.
Se mira los bolsillos del pantalón, donde lo había metido, y no lo encuentra. Dice que es el de ella, lo había doblado exactamente igual y se le debió caer en el forcejeo que mantuvo jugueteando con Victoria.
A Adela no le dio tiempo a decir nada, de manera muy rápida, Paz respondió que lo que está tirado en el suelo no es de nadie.
Paula se quedó callada, colorada como un tomate; Victoria dio la razón a su madre y Adela quedó muda.
En el autobús, las chicas se sentaron juntas, pero ya no tenían tanto jolgorio; Adela, sentada con Paz al lado, tampoco tenía ganas de hablar; el hecho que se acababa de producir la había dejado descolocada.
Paz, como si nada, hablaba por los codos, pero la tarde se desarrolló de manera extraña.
Hubo un momento en que Paz y su hija entraron a una tienda; Adela y Paula esperaron fuera, momento en que Paula le dice a su madre que los 20 euros eran los suyos.
Adela procuró quitarle el malestar, pero ambas estaban raras y con ganas de volver a casa y terminar aquella tarde.
Ya en casa, Adela se desfogó contando lo que había pasado a su marido.
Paula lloró al llegar a casa; tenía 14 años, pero le molestó lo mismo que a mí: no era la cantidad del dinero, era el hecho.
No éramos personas extrañas y, aunque tuvieras dudas, le das el billete a la chica y punto.
Pero no, no había duda, y tanto Paz, como su hija, se habían comportado como dos cerdas.
Esto también, Adela, se lo comentó a su amiga Nieves; se quedó alucinada...
Se quedaría cualquiera, pero Nieves se mataba a coser en casa para llegar a fin de mes; su marido se recorría todo el país con un tráiler por un sueldo de mierda y sin poder estar con su familia en casa.
Nieves sabía lo que era pasar con lo justo. Adela la ayudó alguna vez que se lo pidió, aunque no era de pedir.
Y no pedía dinero, me dijo si le compraba un pollo, ¡joder! ¡Un puto pollo en el supermercado!
Le compré el pollo y más cosas que me parecían de necesidad.
Y Nieves siempre estaba dispuesta a ayudar a todo el mundo en lo que podía.
Calidad de personas...
En esa misma conversación con Nieves, comentó a Adela si sabía quién era el dueño del mesón donde trabajaba Paz. Nieves se relacionaba y conocía a más gente de la zona.
El tío era un "putero" declarado; por su negocio habían pasado muchas empleadas y todas del mismo perfil, tenían que ser mujeres que llamasen la atención.
Ya sabemos lo que eso significa...
En la calle donde se encontraba ese local, había dos más: una cervecería y una cafetería restaurante.
Ambos negocios estaban llenos a la hora del desayuno y al mediodía con las comidas. A solo 1 kilómetro había un polígono industrial inmenso.
La mayor empresa textil de la comunidad y el periódico más importante tenían sus fábricas ahí; era la clientela de estos dos negocios. Sin embargo, el mesón donde trabajaba ahora Paz, lo frecuentaban tíos de igual calibre que el dueño; no iban solo a tomarse una caña, sino que iban a ver el escote de las camareras y a soltar babosadas por la boca.
Efectivamente, Adela no sabía quién era el dueño, sí sabía de su clientela.
El mesón tenía terraza en la acera por donde Adela pasaba para ir y venir de trabajar; varias veces le habían soltado alguna babosada, cosa que no ocurría con los clientes de los otros locales, también con terraza.
Paz dejó de relacionarse con Adela con la misma asiduidad de antes, algo que Adela agradecía, aunque lo achacaba al trabajo.
Fallece la madre de Adela...
Adela tenía padre y hermanos, pero su relación era nula por causas de herencias que creyeron suyas, pero legalmente no lo eran y hubo una ruptura.
La señora que ayudaba a su padre en el cuidado de su madre, enferma de Alzheimer, la llamó muy temprano.
El marido de Adela ya se había ido a trabajar, se puso muy nerviosa, además de triste.
A pesar de la hora temprana llamó a su amiga y vecina Nieves; la mujer en menos de 5 m estaba en su casa.
La tranquilizó, le dijo que se fuera donde necesitara o si quería que la llevase a algún lado.
Adela esperó a que llegase su marido y Nieves se quedó pendiente de Paula y de noche durmió en su casa, nosotros estuvimos en el tanatorio hasta muy tarde.
La situación fue tremenda, la no relación familiar era muy evidente...
Adela no quería que Paula fuese al entierro por la situación tan tensa que había y se quedó en casa de Nieves.
Estaban en la iglesia, en mitad del funeral, y escuchan un taconeo por el pasillo de piedra de la iglesia.
Era Paz... Con un chaquetón de pelo negro, era invierno. Sí, el pelo también negro de punta, una minifalda minúscula, taconazos y pintada como una puerta, se colocó al lado de Adela abrazándola...
De la iglesia al cementerio fue cogiéndola del brazo.
Al salir del cementerio, le dio dos besos y le dijo que se tenía que ir a casa; del trabajo se había ido directamente a la iglesia, quedaba cerca de donde vivían, y su marido estaría preguntándose dónde estaba.
Cuando se fue, se acercaron a Adela unas tías suyas; una de ellas le preguntó si aquella mujer, Paz, era su amiga.
Adela le contó por encima: no sí ni no, era vecina, y por qué le hacía esa pregunta, ¿conocía a Paz?
La tía le respondió que sí, vivían cerca de su casa hasta hace poco que desaparecieron, no sabía nadie adónde se habían ido.
¡Pues ya se había enterado!
La tía continuó diciéndole que tenía dos hijas que habían sufrido mucho y el marido también.
Paz se liaba con todos los tíos que le apetecían...
Adela flipando... Hacía años que no veía a su tía, sabía dónde vivía y sí, era la misma zona donde había residido Paz, pero lo demás... Creyó que eran chismes de viejas de barrio.
Lo cierto es que Paz tuvo que haberla visto en el cementerio y nada comentó...
Adela se fue caminando a casa y cuando estaba por la acera, salió el marido de Paz del portal.
El hombre se le acercó y le dio el pésame; acababa de enterarse por su mujer.
Paz estaba en la ventana, vivían en un primero y bajó; su marido se fue con un simple "adiós" a ambas y Adela le preguntó si conocía a su tía.
Evidentemente, no le comentó la conversación que habían mantenido...
Le dijo que sí, no sabía que era mi tía, no la saludó porque es una vieja chismosa.
Pues vale, Adela solo quería descansar.
Pasaron pocos días y un fin de semana, un sábado, el marido de Adela llegó a comer. Había estado tomando el aperitivo en el bar de costumbre, y le dice que vio a Paz en el bar.
Le pareció raro a Adela, ¿ya no trabajaba?
No, no... El marido de Adela madrugaba siempre, aunque fuese finde o festivo. La vio temprano, Paz entraba a trabajar sobre las 11 y la había visto a las 9.
Estaba con un tío tomando un café...

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