miércoles, 7 de febrero de 2024

PAZ/CAP.7©®



      



 No se supo a qué hora llegó Paz a su casa aquel sábado; ni si llegó o lo que pasó.
Adela, por la ventana de atrás, "espió" durante varios días a Paz.
La mujer salía puntualmente cada tarde, ni bien se iba su marido a trabajar.
Victoria no había comentado nada del tema a Paula; Adela le preguntó alguna vez a su hija si habían hablado al respecto.
Paula sí dijo que la notaba rara.
Dieron las notas escolares de ese trimestre. Victoria, a pesar de que debía estar pasando un momento complicado, había sacado matrícula de honor en todo.
Y también, a pesar de su momento, no dudó en presumir de sus notas ante Paula; la hija de Adela había tenido mayoría de notables.
Esta cuestión hacía sentir mal a Paula; le creaba inseguridad.
Podría decirse que Victoria no era del todo buena chica. Conocía a Paula perfectamente; era su amiga íntima, inseparable.
En casa de Paula, todos se preocupaban y ocupaban de ella y su familia; sin embargo, ejercía una soberbia que no la hacía precisamente buena persona.
Un buen día, Paz invita a Adela a su casa...
Adela no se sintió cómoda, sabía demasiado y, lo que sabía, le causaba inquietud para acudir a su casa.
Pero fue...
Allí, en la cocina, las dos frente a frente; la gata sobre la mesa, como una figura de porcelana, inmóvil, pero sin dejar de mirar a Adela fijamente, le dice Paz que se va a separar...
Adela apretó las manos que escondía bajo la mesa.
Paz siguió diciendo que ya había hablado con Fer y estaba todo arreglado.
Había encontrado otro trabajo, también en el pueblo y también en un restaurante que acababan de abrir cerca de casa.
Le habla del "novio". Era un viajante/repartidor de periódicos en una empresa de transportes.
Residía en una comunidad limítrofe con la nuestra.
Estaba casado y tenía hijos.
Su matrimonio no iba bien; lo que quisiera decirle el tío...
No libraba ningún día, pues hay periódico diariamente. No sé cómo se lo montaba el tío y no me extraña que le pudiera ir mal su matrimonio si nunca estaba en su casa.
Lo conoció en el bar donde trabajó primero y se enamoraron...
El flequillo de Adela se movió, a pesar de estar tiesa todo el rato, y lo apartó con una mano.
Al segundo de este simple gesto, Adela recibe un rápido zarpazo de la gata; se libra por milímetros del arañazo o pérdida de un ojo...
¿Algo era normal en esa puta casa?
El ataque de la gata provoca que perdamos tiempo sin darnos cuenta y que se alargue mi visita. Llega Fer... Puntualmente.
Paz, muy nerviosa, le cuenta lo que había pasado.
El gato estaba detrás de Fer, había ido a recibirlo.
Lo largó al fondo del pasillo de una patada...
¡Dios! Adela quería salir de allí a toda leche.
Paz se va de casa a los pocos días. Adela, desde su ventana del salón, junto con Nieves, ven cómo llega el furgón de reparto del novio y ella bajando cosas de la que fue su casa.
Nieves y Adela comentaron la poca delicadeza de Paz; esperó a que se marchara Fer, pero sus hijas sí estaban.
Subió Paz a casa de Adela y le pidió un favor.
Fer solo le permitió llevarse sus cosas personales y un colchón viejo que guardaban en el trastero.Ella había alquilado un piso cerca de casa y le hacía falta un somier.
Adela tenía uno de 90 cm; había quitado una de las camas nido de una habitación y lo había guardado. Se lo llevó Paz con la condición de devolverlo si se iba del piso que había alquilado.
Esa noche, Victoria subió a casa de Adela; estaba hecha polvo...
Estuvo hablando largo y tendido con ella, haciéndole comprender que un divorcio no es el fin del mundo.
No paraba de llorar, Adela también lloró con ella, era muy triste todo.
Victoria decía que escuchaba a su padre llorar a solas, que no hablaba, entraba y salía como un zombi...
Para colmo, Adela se entera de que la hermana se va con Paz a vivir.
Victoria estaba muy sola, pasando un trago terrible sin tener apoyo alguno en casa.
Como no paraba de llorar, Paz decidió ser más sincera y decirle que sus padres no debían estar juntos, que su madre sufría mucho y era mejor que se fuera.
Se limpia las lágrimas, mira fijamente a Adela y le dice que el que sufre, desde hace mucho tiempo, es su padre.
Adela se quedó perpleja...
Victoria, viendo su cara y su gesto de asombro, le dice: —No sabes nada, ¿verdad?
Le responde que sí, sabe lo que le contó su madre y seguramente ella no lo sabe, quería protegerla.
—¿Te contó que mi padre la trataba mal? —dice.
— Entonces lo sabes, Victoria, —le dijo Adela.
—¡Claro! ¡Es lo que dice a todo el mundo!
Esa frase la expresó con rabia.
—¿Cómo? —dijo Adela.
—¡Sí! ¡Para justificar que se va con cada tío que le hace caso! —suelta Victoria sin compasión.
¡La hostia puta! 
Le empieza a relatar a Adela, no solo las andanzas de su madre, sino todo lo que a Adela le había contado Paz, como un discurso que su madre tenía perfectamente memorizado; se lo dice a todo Cristo.
Desde hacía muchos años, los que ella recordaba y tenía 14, su madre, se había liado con todos sus jefes, compañeros de trabajo, clientes y el que pasaba por su lado. ¡Siempre estaba enrollada con un tío!
Su padre quiso separarse varias veces, otras se iba ella, pero siempre volvía. Pedía perdón, lloraba, fingía ataques de ansiedad...
Antes de verla el marido de Paz con aquel hombre, que no vio nada extraño, la vieron madres de Fulanita y Menganita, amigas de la hija de Adela y de Victoria. Y la vieron de otra manera, no tomando un simple café.
Adela estaba en shock... Le pasó por la cabeza el somier que le había prestado. Realmente, no era por el somier, era lo imbécil que se sentía.
Paz no tuvo necesidad de mentir... O sí.
Adela ató cabos. Paz, de manera repentina, dejó de hacer visitas. Adela lo achacaba al trabajo; no, el tiempo libre que tenía, se iba con este tío.
Cuando le dijo que su marido la maltrataba, fue porque la había visto el marido de Adela.
¡Será gilipollas! ¡Solo estaba tomando un café! Pero, claro, ella sabía que tenía con él algo más que un café y vino a justificarse...
Lo entendió todo. El comentario de su tía en el cementerio, a la que Paz calificó de chismosa.
Adela entendió la seriedad de Fer, estaba amargado; llevaba años sufriendo los cuernos de una persona que lo utilizaba. Sabía que la quería y utilizaba eso para volver cuando quedaba sin el rollito de turno.
Victoria también le contó que su abuela y tías, por parte de su madre, apenas se relacionaban con ella porque también las había utilizado.
Cansadas de meterla en casa cuando quedaba sola y de sus mentiras, ya no le hacían caso.
Cuando Adela contó a su marido y a Nieves toda la historia, no podían creerlo.
Mejor dicho, no entendían qué clase de persona se inventa que su pareja la maltrata...
A partir de ahí, también tuvo una conversación con Fer. Evidentemente, Fer se la desarrolló con más detalles que la chica y era para temblar.
Adela y su marido, también Nieves, comenzaron una relación más estrecha con Fer; no estaba bien, e intentaban que relativizara todo. Ya se había terminado, que mirara hacia delante, reiniciara su vida.
Victoria vivía prácticamente en nuestra casa.
Algún fin de semana se iba con su madre; en casa de Paz, estaban el tío, su hermana y su novio, como cuatro adolescentes que compartían piso.
Fer empezó a divorciarse legalmente, algo que jamás había hecho.
Había llegado al límite; ya se cambiaron varias veces de domicilio para evitar los chismes.
Esta vez, el cambio fue más drástico; incluía el colegio de Victoria y su trabajo le quedaba más lejos.
No llevaban ni un año en el pueblo, y ya empezaban de nuevo los rumores y las certezas; no podía más.
Dejamos de ver a Paz, hasta que un día, Adela, llegó más tarde del trabajo y decidió ir con Paula a comer al restaurante donde trabajaba Paz.
Fue a atenderlas muy sonriente; evidentemente, no sabía que Adela conocía su historia, aunque tampoco le importó que llevaran tanto tiempo sin verse desde que se había ido.
Paz iba a su puta bola.
Mientras esperaban por la comida, Paula cuenta a su madre que Paula necesitaba dos pantalones.
Su padre pagaba él solo la hipoteca del piso, el coche, el abogado para lo del divorcio y todo lo de la casa; andaba justo de dinero y le había dicho que se lo pidiera a su madre.
Viene Paz con el primer plato y le dice a la hija de Adela si puede hacerle un favor.
Que le diga a Victoria que su padre le compre los pantalones...
Adela flipando...
La chica le responde que lo siente mucho, pero que no se iba a meter en esas cosas.
¡Adela flipó más todavía!
Paula no era muy madura todavía; sin embargo, le dio una respuesta cojonuda.
A Paz no le gustó, pero no pudo decir nada.
Nos despedimos con normalidad tensa.
¡Aquella mujer era tremenda! ¿Cuántas caras tenía? ¿Cuál era la verdadera? 
La que le convenía. Estaba acostumbrada a utilizar a la gente, aunque era terriblemente torpe.
Y una tarde de primavera... Sábado...





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