jueves, 8 de febrero de 2024

PAZ/CAP.8©®







El sábado amaneció soleado.
Una prima de Adela la llamó, quería que fuese a pasar la tarde a su casa y charlar un rato.
La prima vivía cerca, en el pueblo de donde Adela se había ido y dónde siempre había vivido.
Después de comer salió; Paula no quiso ir y su marido se quedó echando la siesta.
Adela se fue andando tranquilamente y pasó una tarde fantástica. Su prima vivía en la última casa de una calle, a un lado, era todo bosque.
Tomaron café en el jardín y se pusieron al día de sus vidas.
Sobre las 8 de la tarde, Adela se fue, otra vez caminando.
A medio camino de casa, en la calle más concurrida del pueblo, para un autobús en la carretera.
Empiezan a bajar varios chicos y chicas; entre todos ellos, ve a Victoria.
La llama, la chica se acerca y le da un beso. Venían de una competición deportiva del colegio.
Estaba muy contenta; estuvieron todo el día fuera y habían ganado el partido.
También estaba muy ilusionada porque ese fin de semana se quedaba con su madre.
Iniciaron el trayecto juntas. Ella iba al restaurante donde estaba su madre, para irse con ella cuando terminase su jornada, tenía ganas de contarle lo bien que lo había pasado.
El restaurante quedaba de camino a casa de Adela.
Al llegar a la puerta, Victoria le dice que entre; decide entrar y tomarse algo.
El local era restaurante y cafetería, tenía una barra muy larga.
Cuando entramos, vemos al novio de Paz en uno de los extremos de la barra. Paz, muy sonriente y con su estilismo tan característico, les presenta al tío.
A Victoria no le hizo especial gracia, pero nada iba a estropearle su finde con mamá.
Eso creía...
Victoria le pregunta a su madre qué iban a cenar en casa, a lo que Paz le responde, sin miramiento alguno y, esta vez, sin sonreír, que no se podía quedar este fin de semana en su casa.
La cara de Victoria cambió de color rojo a lila, quedándose blanca finalmente.
Le preguntó por qué no puede y por qué no la avisó.
Le contestó que por cosas que surgen de repente y que no es una niña pequeña, no tiene que cuidarla.
¡Adela se quedó muerta!
Victoria protestó a su madre llorando, que no era justo. Hacía varios findes que no estaban juntas, no se veían y parecía no importarle.
Mientras Victoria decía estas cosas a Paz, el tío la miraba con cara de asco y hacía gestos.
¡Asqueroso!
De repente, Victoria, coge su mochila y se larga. Adela, rápidamente, mira a Paz y le dice —mañana te pago la Coca-Cola.
Se fue corriendo detrás de Victoria.
¡Nadie salió del bar!
Adela llamaba a Victoria, que iba con paso muy ligero.
Y por sorpresa, se va corriendo al medio de la carretera...
Era una carretera general de tres carriles, peligrosa...
—¡Quiero morirme! —gritaba la chica.
—La vida es una mierda —repetía.
Adela tiraba de ella; se veían coches a lo lejos que estaban circulando...
Consiguió sacarla de ahí y se abrazaron llorando en la acera.
Así llegaron a la acera del edificio donde vivían, abrazadas.
El portal de Victoria era el primero de los tres. Adela le dice que no va a su casa, se va con ella a la suya.
Por mucho que lo intentó, no lo consiguió; tampoco quería que Paula bajase y se quedara con ella. Seguramente, la chica, quería encerrarse a solas en su casa y llorar libremente.
Eran las 9 y media de la noche, Adela bajó a hablar con ella por el telefonillo varias veces, hasta la 1 de la mañana que llegó su padre.
A partir de esa hora, Adela empezó a visualizar todo lo que había visto.
Los gestos repugnantes hacia Victoria, del novio de su madre. Su nula empatía con una chica que solo quería estar con su madre.
Y Paz... El tono y la cara con que habló a su hija; la frialdad extrema de cómo se dirigía a ella...
No encontraba motivo para todo aquello.
Al día siguiente, domingo, Victoria estuvo todo el día en casa de Adela.
No quiso hablar del tema, pero estaba desolada.
Su padre llamó a Adela el lunes cuando vino por la tarde. Subió a casa; Victoria le había contado lo sucedido.
—Es una hija de puta —la llamó Fer.
Tenía razón...
Contó también a Adela que Paz le reclamaba parte del piso.
Ella se había largado, Fer estaba haciéndose cargo de la hipoteca conjunta solo; era el domicilio de su hija y esta era menor de edad, no le daría ni un duro si podía evitarlo.
Pasó un corto espacio de tiempo y la hermana de Victoria regresó a vivir con su padre. Paz dejó el trabajo y se había ido con el tío; no sabían sus hijas a dónde. Del somier nada más se supo...
Victoria no quiso saber nada de su madre nunca más. 
Adela, su marido e hija, pasaron esas navidades con ellos, en casa de Fer. Después de la cena se unieron otros vecinos.
Adela las recuerda como una de sus mejores navidades; cantaron, bailaron y rieron hasta la madrugada.
Fer bajaba cuando podía al bar donde se reunían todos. Se iba con las chicas a correr en su día libre o en vacaciones.
Victoria, prácticamente, vivía en casa de Adela. Íbamos y veníamos de una casa a otra con total confianza, hasta el punto de que Fer le dio llaves de su casa a Adela.
Paz dejó de existir; definitivamente, era una "Cruella de Vil".
Y llegó el juicio de divorcio...

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