Margarita inició ese vuelo cabreada; no podía ser de otra manera, es su estado natural.
Su no novio la había acercado al aeropuerto; cuando se enteró de que, a la gran mayoría de sus compañeros de viaje, los habían llevado en autobús, puso el grito en el cielo y, cómo no, me trasladó sus quejas.
Sus compañeros venían de otras comunidades, ella y cuatro más, estaban a diez minutos del aeropuerto.
La tía no lo entendía... ¡Y mira que es fácil! Sus circunstancias, por proximidad, eran diferentes. ¿ Qué quería? ¿Un pase gratis de bus urbano?
Desigualdad, veía ella.
Margarita y "problema infundado" de apellidos.
Ahí van por las alturas, después del "jari" montado para subir a tropecientos jubilados, repartidos en 5 autobuses.
Aterrizan en el sur; unas cuantas horas por ahí perdidos en un aeropuerto con acento andaluz, a la espera de los autobuses, que los llevarían al centro base.
Margarita, más perdida que ninguno; porque quiere. Es un poco antisocial e intenta ir por libre, por eso se mete en un "fregao", con cerca de 200 almas que hablan, respiran, se mueven y se relacionan entre sí...
Muy coherente; todo en Margarita es pura coherencia, quizá por eso, porque carece de un mínimo de sentido común, vive con el karma rebotado.
Llegan los autobuses y, otra vez, "jari" de acomodamiento del personal.
¡A doscientos jubilados no los organizas a golpe de silbato y "se sienten, coño"!
Aclarar algo muy importante, el equipaje va facturado, tanto en el avión (obvio), como en el autobús; pero, digamos que se factura el grueso, los dos bolsos de mano ( más o menos), la bolsa de plástico de "Novedades Pepi", con unas zapatillas para descansar los pies, la del Mercadona con el botellín de agua y otra del Alcampo con algún "por si acaso", llenan maleteros y compartimentos varios que no acomodan en 7 minutos.
Después están los que tardan esos 7 minutos en subir y sentarse. Pero, antes, ¿sentarse dónde?
"Aquí no, que está la salida del aire acondicionado..."
"Pues yo en pasillo, tampoco".
Jesús tiene que sentarse delante porque se marea y Adelina no puede ir atrás porque le zumban los oídos...
"Jari" del bueno.
Total, una hora, para que todos estén sentados y amarrados y, el conductor, rezando de que no haya imprevistos a mitad de camino.
Ya había anochecido.
Margarita me llama, le quedaban dos horas más de viaje hasta el hotel. Pude escuchar hablar al guía del autobús; les iba narrando lo que había de importancia por donde iban pasando, así como lo que, supuestamente, podía verse a través de la ventanilla, " nothing" de nada.
Los flamencos de la marisma... Ni flamencos, ni marisma. A las ocho y media de la tarde, en febrero, salvo que te cambien la hora, solo ves luces artificiales, si las hay, porque es de noche. Y ¡claro! ¡Margarita negra con el guía, el autobús, la hora que era y los flamencos!
Y tenía hambre... ¡Un cúmulo de desgracias para Margarita!
Por fin llegan al hotel. Lo que se dice con encanto no era. Una mole de hormigón llena de ventanas y balcones, es lo que pudo ver.
Tuvieron que esperar hasta después de la cena para ser acomodados en sus habitaciones.
La entrada de aquellas personas, justo a la hora de cenar, en el comedor, debió parecerse a un éxodo o a una espantada de ñus.
Devoraron el buffet, a pesar de las limitaciones que muchos tenían por diversas patologías, y, sobre las once de la noche, fueron llevados a sus aposentos.
Unas personas tenían habitación, otras, entre ellas Margarita, disfrutarán de un mini apartamento.
¿Se alegró Margarita? Pues, no...
Me manda un "Apartament Tour with me" por wasap. Un baño y una habitación con balcón y, una cama grande, una mesita de noche, un armario empotrado pequeño y tres módulos de alacena, un mini fregadero y un rectángulo minúsculo por vitrocerámica.
Bien, ¿no? Para una persona que, además, tiene contratado desayuno, comida y cena, está bien.
Otra cosa es que tengas previsto freír sardinas... Tendrías el olor metido en la cama y en todo tu ser. Aunque, tendrías la ventaja de poder darles la vuelta desde la cama... A todo hay que buscarle el lado positivo.
Lo único que le encantó fue el balcón. Había carteles de prohibido fumar en todas las paredes y Margarita fuma todo lo que le dan de sí 24h.
Y no, no le dio la cabeza para pedir habitación para fumadores.
Con un frío, como en Vizcaya, se echó varios cigarros en el balcón antes de acostarse.
No, tampoco se informó del tiempo; otro chasco que se iba a llevar.

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