Hace unos días, saltaba la liebre. Un presentador, muy conocido, de la RTVE Canarias, fue invitado a un podcast.
Entre varias declaraciones, soltó la bomba: Fue testigo del trato de mal gusto que Ana Obregón había dado a la cantante Nía.
El presentador canario, Roberto Herrera, es un habitual en la retransmisión de las campanadas desde las islas. Nía, cantante, salida de Operación Triunfo, era el segundo año que lo acompañaba.
En el año 2022, Anita La Fantástica y Los Morancos, daban el campanazo en la 1.
Durante la grabación de un spot promocional, relacionado con el evento, Roberto, según su relato, presenció como Nía, no fue bien tratada por Ana y su prepotencia. Hecho del que también, según el presentador, fue presenciado por los Morancos. Tal fue la incomodidad de la chica, que no quiso participar en el anuncio y no salió en esa promoción.
Evidentemente, ni bien se conocieron las declaraciones de Roberto Herrera, allá que corrieron a preguntarle a la Sra. Obregón.
La bióloga no me pareció nunca un personaje de interés y, desde su último invento, mi desinterés mutó a repulsa vomitiva.
La señora digna se defendió, como pudo y sabe, mal. Dejando constancia de la soberbia, que pretende disimular, a base de expresiones sin gracia o victimización 2.0, da una versión totalmente opuesta.
La que montó el pollo fue Nía; no le gustaba el vestido que le habían elegido, tampoco le parecía que le quedase bien… Y, como una vulgar niñata, se “chinó”. Encima, había llegado tarde.
Bueno, podíamos comprar la versión de Anita, pero, claro, dejó perlas como que, al llegar tarde la chica, ella tuvo que esperar dos horas maquillada y vestida de Nochevieja, ¡fíjate! Ella, que no está acostumbrada a estar arreglada…
Por si fuera poco, por culpa del retraso horario de la cantante, llegó tarde a una de las 52 misas que lleva organizadas en memoria de padres e hijo. Mal, Anita…
Remató su defensa con una sarta de historias que están en su mente. Se declara una profesional sería, con cuarenta años de trayectoria, con no sé cuántas películas y series a sus espaldas, montones de programas presentados y miles de profesionales con los que ha compartido espacio y que, jamás de los jamases, ninguno ha dicho nada negativo de ella como compañera.
A ver… ¿Alguien recuerda alguna película de la Meryl Streep bióloga? ¿Alguna serie? Yo sí, un cameo en aquel espanto de “El equipo A” y creo, que otro en “CSI”. También conozco su trayectoria como escritora de series de TV, “Ana y los siete”; una almibarada historia, infantiloide, donde no tuvo reparo alguno en mencionarse en el título y actuar como actriz protagonista.
Nunca me pareció talentosa en nada. Como actriz, impostada, como presentadora, exagerada y fingida; como Borrego, siempre mirándose en cámara.
Como bailarina solo tenía elasticidad, nada más.
Pero, se cree lo más… Realmente se lo cree.
Pues ayer, en el programa de Sonsoles, donde es el fichaje estrella, volvió con la burra al trigo y a Nía.
La cantante, cuando le ocurrió el percance con esta señora, sin mencionar quién había sido, contó su experiencia, mucho antes de que Roberto Herrera lo hiciera y le pusiera nombre a la causante.
Bueno, pues le pusieron el vídeo a Anita, que, sentada en plató, divina de la muerte, fingía, haciendo aspavientos, viéndolo, como si la chica estuviese en directo dando una rueda de prensa…
Entre varias declaraciones, soltó la bomba: Fue testigo del trato de mal gusto que Ana Obregón había dado a la cantante Nía.
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| Roberto Herrera y Nía |
En el año 2022, Anita La Fantástica y Los Morancos, daban el campanazo en la 1.
Durante la grabación de un spot promocional, relacionado con el evento, Roberto, según su relato, presenció como Nía, no fue bien tratada por Ana y su prepotencia. Hecho del que también, según el presentador, fue presenciado por los Morancos. Tal fue la incomodidad de la chica, que no quiso participar en el anuncio y no salió en esa promoción.
Evidentemente, ni bien se conocieron las declaraciones de Roberto Herrera, allá que corrieron a preguntarle a la Sra. Obregón.
La bióloga no me pareció nunca un personaje de interés y, desde su último invento, mi desinterés mutó a repulsa vomitiva.
La señora digna se defendió, como pudo y sabe, mal. Dejando constancia de la soberbia, que pretende disimular, a base de expresiones sin gracia o victimización 2.0, da una versión totalmente opuesta.
La que montó el pollo fue Nía; no le gustaba el vestido que le habían elegido, tampoco le parecía que le quedase bien… Y, como una vulgar niñata, se “chinó”. Encima, había llegado tarde.
Bueno, podíamos comprar la versión de Anita, pero, claro, dejó perlas como que, al llegar tarde la chica, ella tuvo que esperar dos horas maquillada y vestida de Nochevieja, ¡fíjate! Ella, que no está acostumbrada a estar arreglada…
Por si fuera poco, por culpa del retraso horario de la cantante, llegó tarde a una de las 52 misas que lleva organizadas en memoria de padres e hijo. Mal, Anita…
Remató su defensa con una sarta de historias que están en su mente. Se declara una profesional sería, con cuarenta años de trayectoria, con no sé cuántas películas y series a sus espaldas, montones de programas presentados y miles de profesionales con los que ha compartido espacio y que, jamás de los jamases, ninguno ha dicho nada negativo de ella como compañera.
A ver… ¿Alguien recuerda alguna película de la Meryl Streep bióloga? ¿Alguna serie? Yo sí, un cameo en aquel espanto de “El equipo A” y creo, que otro en “CSI”. También conozco su trayectoria como escritora de series de TV, “Ana y los siete”; una almibarada historia, infantiloide, donde no tuvo reparo alguno en mencionarse en el título y actuar como actriz protagonista.
Nunca me pareció talentosa en nada. Como actriz, impostada, como presentadora, exagerada y fingida; como Borrego, siempre mirándose en cámara.
Como bailarina solo tenía elasticidad, nada más.
Pero, se cree lo más… Realmente se lo cree.
Pues ayer, en el programa de Sonsoles, donde es el fichaje estrella, volvió con la burra al trigo y a Nía.
La cantante, cuando le ocurrió el percance con esta señora, sin mencionar quién había sido, contó su experiencia, mucho antes de que Roberto Herrera lo hiciera y le pusiera nombre a la causante.
Bueno, pues le pusieron el vídeo a Anita, que, sentada en plató, divina de la muerte, fingía, haciendo aspavientos, viéndolo, como si la chica estuviese en directo dando una rueda de prensa…
Y que no merecía ese trato, después de todo lo que había vivido.
Bueno... Otra vez usando sus terribles circunstancias... Idénticas a las desgracias a las que, gente anónima, se enfrentan diariamente.
Señora, ¡Nía no dijo nada! No la nombró ni quiere hacerlo. Esta señora le pide que la deje en paz, que todo le vaya bien y sea feliz… Ya lo es. Seguramente, elegirá no compartir espacio con usted, no lo necesita. No es de las famosas que persiguen por la calle cien cámaras, ni llena estadios cantando, pero, quizá, no es su inquietud en la vida, a lo mejor es natural y sencilla y tiene sueños más terrenales y plenos.
¿E insinúa que, poco más o menos, Roberto Herrera se lo inventó con la intención de tener repercusión en el estreno de un programa?
Vuelve a ser soberbia.
Después de pasearse por todas las cadenas, y sentarse en la que le pareció el fichaje de la temporada.
Porque no puede vivir sin foco.
Y de pija a pija, tirando de bobería, llegamos a la reina de los corazones de colores, Agatha.
Mete la pata hasta el corvejón con la frase hecha de marras y le saltan al cuello, el colectivo gitano y todo el que tiene dos dedos de frente. Porque habrán ido a muy buenos colegios y sabrán de qué copa beber, entre las 4 o 5 que suelen poner en esos eventos clasistas, pero de educación cotidiana y respeto, andan todos y todas muy justos.
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| Agatha Ruiz y M. Zamorano |
Hoy salió otra información, en medio de la apisonadora social que la estaba aplastando: La demanda que le interpuso al estilista Manuel Zamorano por plagio.
¿Qué carajo le copió este hombre?
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| Camiseta de la demanda❤️ |
Zamorano cree que es una vendetta pija, y yo también. La línea de ropa del estilista capilar, su auténtico negocio, peluquería, no compite con el de Agatha ni le soterra su amor propio o creatividad.
Los corazones pintados existen desde antes de que esta señora viniese a este mundo multicolor.
Ramón, antes de todo este lío, había nominado a esta mujer soflama para que abandonase su peluquería.
Sin ser clienta, las contadas veces que acudía, lo hacía como Pedro por su casa.
Altiva, sin saludar a nadie de los que allí trabajaban.
Supongo que cuando visitaba la pelu de este señor, sería cuando T5 la llevaba a rellenar algún programa. Sabemos de la implicación y amistad que Manuel tiene con la mayoría de las personas que trabajan en la cadena, y seguramente, esta señora iría a peinarse con bono de Mediaset… Se me ocurre.
Conclusión: Estas dos señoras, de buena familia, con humildad y sencillez dispersa, da igual lo que aparenten ser, porque demuestran lo que son.
Anita pudo llevar a cabo sus sueños de actriz, sin nominación a Óscar, gracias a que papá tenía “posibles” para que la niña se permitiera ser caprichosa.
Que tuvo suerte por muchas cosas, principalmente, la época televisiva en la que le tocó vivir. Época, en donde hubo muy buenos profesionales, pero también, mucha chica mona, pero ninguna sola y luces de colores que encubrían la falta de talento.
La diseñadora de la Prada, también dispuso de sostén suficiente para desbarrar.
Con un matrimonio, pululando por las altas esferas, ¿quién le espeta que sus modelitos son creados de madrugada, en un “after”, a ritmo de “esta sí, esta no”?
¡Nadie!
Probablemente, dos señoras, que de haber nacido de madre portera y padre taquillero de cine, hubieran sido unas chicas estupendas y divertidas, sin palmeros ni lameculos que solo se fijan en cuánto tienes y no en quién sos vos.








