miércoles, 31 de enero de 2024

PAZ/Cap.1©®







Adela era una mujer joven de 35 años; casada desde los 19 y con una hija adolescente, Paula.
Vivían en la casa familiar de Adela, de la que era propietaria por herencia.
La casona había sido, durante muchos años, la mejor del pueblo; un pueblo mediano, que fue convirtiéndose en "ciudad dormitorio" por su cercanía a la gran ciudad y precios de vivienda más asequibles que en la urbe.
Ahí se había criado Adela, entre personas afables, algunas eran más que la propia familia.
La casa se iba deteriorando y, aunque se le hicieron reformas, eran más parches que otra cosa.
Adela se había casado cuando estaba cursando inglés en la Escuela de Idiomas; tenía la intención de estudiar enfermería, pero su matrimonio, surgido a consecuencia de un embarazo, dejó aparcado ese proyecto. 
Cuando su hija, Paula, cumplió los tres años, decidió meterla en una guardería y empezar a trabajar.
Adela quería hacer algo con su vida, no quería que sus padres fuesen los cuidadores "obligados" de su hija y eligió un trabajo con el que no desatender su tarea de madre.
Su marido trabajaba de operario en una imprenta; el sueldo de Adela vendría bien.
Por mediación de una amiga, entró como asistenta en una casa en la ciudad. Sí, Adela cambió sus expectativas, podría haberse hecho otro futuro, era lista e inteligente, pero el momento requería otras prioridades.
Total, que de los 19 años a los 35 no encontró ese momento para avanzar en otras cosas.
Cuando la casa se estaba convirtiendo en un problema, decidió venderla en contra de todos.
No quería meterse en una hipoteca y vivir ahogada durante años; no le importaba cambiar una casa con finca a las cuatro paredes de un piso y la decisión tomada era irrevocable.
En menos de un año la vendió por una cantidad importante; podría comprar un piso, amueblarlo y quedarse con un pequeño colchón en el banco.
Los pisos que estuvo viendo estaban en el mismo pueblo, a un kilómetro de la zona donde había vivido toda su vida.
Eran viviendas nuevas, pero a todas les encontraba alguna pega...
O el acceso a la terraza estaba en el dormitorio, o los baños tenían un alicatado horroroso, o la cocina oscura... Se fijaba en la situación del edificio, si podrían construir algo delante o la carretera general generaba bastante ruido.
Empezaba a agobiarse cuando encontró de casualidad la que sería su nueva casa. Un piso moderno, amplio, grandes ventanales y una luz muy especial.
Dos semanas tardó en firmar la compra y un mes en amueblar.
Allá se fueron los tres; Paula, su hija, muy cabreada. ¡No le gustaba nada, quería su casa! 
Poco a poco se fue adaptando; la verdad es que no era para menos, casi todo se hacía para su comodidad.
El piso era grande: tres dormitorios, dos baños completos, salón, cocina y terraza.
Tenía un pasillo muy largo, con lo que dos cuartos y un baño eran solo para ella y estaban uno al lado del otro.
Su dormitorio fue decorado como ella quiso; el otro cuarto tenía una cama nido, mesa de estudio enorme, televisión, equipo de música y sobraba espacio para bailar.
Fue también ahí cuando hubo un cambio de colegio. Del colegio privado en la ciudad, Paula pasó al de pueblo que le pertenecía por zona, comenzando la ESO.
Apenas conocía a nadie, pero estaba bien, seguía sacando muy buenas notas, como siempre.
El edificio donde vivían estaba compuesto por tres bloques, juntos, pero con portales independientes; todavía vivía muy poca gente.
De vez en cuando coincidían con alguien en la acera, aunque no era muy transitada, también desde la ventana, veían llegar a alguien o que sacaban la basura.
Y entre los primeros saludos, iban surgiendo conversaciones y, poco a poco, amistades.
Adela hizo "colegueo" con la vecina de otro portal, Nieves.
Nieves era muy divertida y campechana; mujer muy trabajadora, cosía fundas de cojones para sofás que le traían de una fábrica cercana.
Su marido era camionero, por lo que estaba casi siempre sola con dos hijos, una niña y un chico.
Adela solía pasar ratos en casa de Nieves; mientras ella cosía en una máquina de coser industrial, charlaban de cualquier cosa.
De ese modo, la hija de Nieves empezó a frecuentar la casa de Adela; la niña era más pequeña que Paula, pero Paula no tenía todavía pandilla y, aunque la diferencia de edad era evidente, se lo pasaban bien cantando y bailando, lo que más le gustaba a Paula.
A los pocos meses, Paula conoció a otra vecina.
Era una pareja con dos hijas. Paula hizo amistad con la menor de las hermanas, Victoria. Iban juntas al colegio y en el autobús escolar.
Victoria era una adolescente espigada, de piernas muy largas, melena rubia muy lisa y ojos azules.
No era nada guapa, pero tenía todo lo que la hija de Adela deseaba: pelo "tabla" y muy delgada y estilizada.
Paula era monísima, pero no se veía así; era delgada, pero no como Victoria, tenía curvas y siempre se veía gorda; muy al contrario de cómo la veía el resto de la humanidad.
Su melena era lacia, aunque con alguna forma; lo que hoy sería última moda, Paula se empeñaba en machacar su melena castaña con las planchas...
Había muchas más diferencias entre las dos; Paula idolatraba a Victoria sin motivo evidente.
Victoria era tal y como se percibía, prepotente, altiva y presuntuosa.
La hija de Adela era muy estudiosa, pero Victoria era de matrículas de honor en todo, algo que restregaba sin pudor ante cualquiera.
Para colmo, ¡tenía tetas! Paula era una tabla y se empeñaba en apretarse tanto el sujetador con relleno, que le quedaban las marcas en la espalda...
Victoria estaba siempre en nuestra casa, su hermana era tres años mayor que ella y, a ciertas edades, significa que se está en etapas diferentes.
Su hermana ya salía y encima lo hacía en exceso y con todo tipo de excesos.
Era una borde barriobajera; hortera en sus estilismos "poligoneros", no podía ser más fea, y su pandilla, que era de la ciudad, era del mismo estilo.
Sus padres trabajaban, el padre era encargado de un restaurante muy conocido en la ciudad y su madre trabajaba de dependienta, no se sabía dónde.
Paula y Victoria se hicieron inseparables, salvo para reunirse en pandilla en la calle. Paula no quería salir casi nunca, se pasaba las horas cantando o escribiendo historias.
Esa amistad entre las chicas dio lugar a que Paula le sugiera a su madre que conociese a la mamá de Victoria.
Y las chicas convocaron la cita para que ambas madres se conocieran.
Así llegó el día; Adela preparó café,  dispuesta para recibir en su casa a la mamá de Victoria.
—¡Hola! —dijo Adela.
—Hola, soy Paz...—
Mari Paz... ¿Paz?

domingo, 28 de enero de 2024

LO QUE ESCONDE EL "REGUETONEO"


Mucho se ha hablado, discrepado y discutido sobre las letras de las canciones del llamado reggaeton.
Era una moda, un nuevo género musical, otra expresión artística... Como tal, no se debía censurar; sería como coartar una libertad de expresión.
Particularmente, no me gusta, salvo moverte de forma acompasada en alguna fiesta. Sus letras me parecen carentes de toda expresión emotiva, de andar por casa y no más allá de hacer rimar una palabra con otra al final de varias estrofas insustanciales.
Pero, los últimos días, comprobé algo más; algo que me parece peligroso y que me hizo entender muchas cosas que actualmente están en auge.
Voy a evitar dar nombres para herir la  posible susceptibilidad de sus fans.
Hace poco vi de casualidad un trozo de entrevista a una cantante que lidera las listas de reproducción en esta temática. Me pareció una buena chica, diría que hasta "normal" y sencilla dado el nivel económico en el que se maneja, algo que tampoco entiendo.
Pero percibí un trasfondo raro...
Hacía pocos días que también había escuchado unas declaraciones de Carlos Vives sobre su amiga Shakira y el tema de separación y cese de relación sentimental.
Más o menos, podéis buscarlo, vino a decir que la entendía; entre risas, dijo que Piqué había tenido la mala pata de que su ex era cantante, compositora y muy creativa, con un gran talento. Pero lo que me llamó la atención fue que dijo que, aquí en España, no es tan grave que un matrimonio se rompa, pero para una colombiana, para las mujeres colombianas, era algo terrible. Por cultura dan mucha importancia a la familia; sus hijos y marido lo son.
Ya sabemos que esa pareja no estaba casada, pero el efecto es el mismo.
Instintivamente, uní estas declaraciones a otras que dijo o se leían entre líneas de la otra cantante entrevistada.
Culturalmente, eran parecidas, a ambas las habían dejado, a las dos les fueron infieles, según ellas y la prensa. Y también ambas se desahogaron en diferentes canciones que escribieron. Canciones que no solo iban de tristeza por desamor, sino también con dardos directos a personas concretas y fácilmente identificables.
Esto último podemos compartirlo o no; creo que, como artista que expresa sentimientos y sensaciones, es normal dejar fluir lo que sientes, "disparar" contra todo lo que se mueve, es otra cosa y culpar a la tercera en discordia es un clásico.
Ahondando en la historia personal de esta cantante de masas, me quedé "muerta"...
El ex, cantante también de ese tipo de género, era un tipo de dudosa reputación, lo conoció cuando él estaba cumpliendo condena por posesión ilícita de armas de fuego...
La chica con la que se fue también cantaba; mujer muy joven y a la que dejó estando en avanzado estado de gestación. Del tipo pasas a la historia de la chica embarazada y es para alucinar; se unió a otro tipo, cantante de hip-hop, héroe de masas por los EE.UU., con estética de sicario, que  suele ir con pasamontañas y actitudes de lo mismo. Junto a él, protagonizan altercados constantes, con denuncias entre sí. También exhiben en sus redes los regalos de lujo que este líder le hace, así como gran cantidad de dólares en fajos de billetes.
Ella, cirugías estéticas con resultado extremo, extensiones o pelucas varias y toxicidad peligrosa.
Todo ello comentado en programas de TV, de radio o plataformas de streaming... Es aquí donde te quedas más alucinado de los comentarios, de la cultura que tienen hombres y mujeres, no solo en esos programas, sino en los países donde se emiten, sobre las relaciones o el modo de vida tóxico.
¡Impensable en España!
Pero, ¿aquí qué ocurre? Ocurre que, como en otros países, para gran parte de nuestros jóvenes, estas chicas y estos chicos, artistas de éxito, son seguidos como diosas y dioses del Olimpo. Se saben sus canciones al dedillo, se visten parecido, quieren ser como ellos... E imitan sus actitudes...
"Este culo tiene sueño", frase de la canción de uno refiriéndose a su chica, mientras ella lo mueve promocionando la canción.
Les gusta ponerlos celosos, síntoma de amor incondicional; ellos "marcan" su territorio ante otros machos...
Para flipar...
Si aquí queda mucho por hacer, en algunos lugares no han empezado y siguen perpetuando el derecho del macho Alfa sobre "su mujer", mientras ellas lo asumen con absoluta normalidad.
Y entiendo perfectamente que nuestros jóvenes estén volviendo a otros tiempos, tiempos que ni yo los he vivido de esa manera, y donde su única inquietud es tener pasta con el mínimo esfuerzo realizado y a costa de cualquier cosa.
Porque estos "artistas", con una trayectoria de pocos años, se compran Lamborghini y Rolex, ellas llevan de Louis Vuitton hasta las bragas y viajan en avión privado a sus masificados conciertos.
¿Qué cojones está pasando?



viernes, 26 de enero de 2024

TVE: ¿Reciclajes o residuos?

Las contrataciones de personal y revivir temáticas varias parecen ser la estrategia de nuestra televisión.
Intentar reactivar personajes bajo el paraguas de "homenajes" a sus ancestros o meter a estos personajes en formatos blancos lo han convertido en costumbre.
¿Mala costumbre? Para gustos; en los míos no encajan.
Pseudo revival sobre Rocío Jurado... ¿Qué no sabíamos de La Jurado? 
María Teresa Campos, ¿desconocíamos algo de esta señora?
Evidentemente, de una u otra, siempre me refiero a temas públicos; los más privados no lo sabremos nunca; lo que hablen los vivos de los que están muertos y no pueden confirmar ni desmentir, es pura especulación.
Como diría Sara Montiel: "¿Qué invento es este?"
Existe una cadena privada que se dedicó los últimos años a retorcer las vísceras de cualquier personaje público, así como a esparcir las entrañas de sus vidas con verdades, mentiras y muchos inventos...
Han "hartao" al personal, mientras el salseo del corazón es ocupado por mediocres influencers y concursantes de realities de cuarta regional...
Y van los de la tele pública y quieren rizar el rizo; todo lo que se ha rechazado lo adoptan como animal de compañía.
Rocío Carrasco haciendo pasteles con sus amigas; calificada de "gallina" porque acoge en su seno protector a sus compañeros, muy "madre"... Tan creíble como que los Reyes Magos el día 7 de enero se fueron en avión privado destino Oriente y son vecinos del emérito...
La única capacidad de la hija mayor de la más grande es haberla dejado pequeñita, pequeñita.
Terelu, Teresa Lourdes... La niña de las porras, si no llegó a más que deje de intentarlo, está tan bien luchar por tus sueños, como saber cuando abandonarlos y luchar por otras cosas.
Bueno, quizá lo está haciendo... Sobrevive con lo que le dan para mantener más o menos su estatua de señora que no viaja en metro.
Esta y su hermana también lograron lo mismo que su amiga de Valdelagua; ya no colocamos a Maritere al lado de Hermida o con la corona de reina de las mañanas, la recordamos tocando la campanilla al servicio de su palacete en un reality,  "llorando" por un señor que le mandó un "adiós" por wasap o pidiendo trabajo en cada entrevista o evento al que acudía... ¡Penoso!
No podemos olvidarnos de Jordi, y no el Hurtado, González, "El Desganao".
Contratado por una pasta importante, supongo, y sin reflotar "Lazos de Sangre", no saben dónde meterlo para justificar su sueldo y nos está hablando de corazón los fines de semana antes del Telediario 1. Auguro un éxito sorpresivo...
¿Y la Milá? Pasada de revoluciones, y con un resentimiento severo hacia la cadena que la hizo grande, intentando ponerse al día y confrontando costumbres y actitudes de otra generación con la actual; para ello, y como oponente y exponente de las nuevas generaciones, una prepotente señorita que lo del empoderamiento se le queda corto. Sin apenas experiencias con sabor y sapiencia, puesto que los años no solo nos regalan arrugas y artrosis, nos dotan de vida vivida, ¡es la "marisabidilla" del programa porque domina internet!
¡Tócate la web! Le parece anacrónico Gila, pero muy gracioso, un contenedor navegando por una calle inundada con música de saeta... Los millennials...
Ahora retornan a la tele en directo a la gran Alba Carrillo...
He dicho alguna vez, y lo repito, que Alba es el claro ejemplo de cómo alguien, con un  gran potencial y una urna base para desenvolverse en medios de comunicación, se fagocita a sí misma.
La eterna ex... Algunos dirán que esto es poco feminista; pues feminista se es o no se es, lo mismo que estar embarazada, se está o no. Y yo lo soy.
Pero lo cierto es que yo conocí a esta señorita en un concurso de modelos.
Programa al que se presentó libremente o por la gracia de su madre y punto.
Y de ahí nada ventajoso salió, fue su relación con un famoso motorista, sobrino de un campeón del motociclismo, lo que la hizo saltar a la palestra.
Posteriormente, fue su turbulenta separación.
Y llegó Feliciano, un famoso tenista; algo que la mantuvo en la cresta de la ola; si se hubiese casado con el recogepelotas del club, casi puedo asegurar que Hola no compraría la exclusiva.
Y volvió a sobrevivir en el mundo mediático tocando las pelotas a Feliciano, varios aces y algún juego, aunque el partido lo ganó Feli y la sempiterna aspirante a modelo, se fue a un reality a recuperarse de los dineros perdidos en demandas, según declaraciones suyas y de su antes amigo Jorge Javier, porque yo no duermo ni tomo café en casa de los Carrillo, lo que sé es lo que han expuesto.
Y de Feli pasó a un portero de fútbol, también con polémica, y recaló al lado de un presentador de televisión con pinta de buen chico.
¡Tampoco cuajó! Cuernos o no, lo que sabemos es que con un par de docenas de mal genio se presentó en su casa para pedirle unas explicaciones que nunca le han dado.
Creo que el chico sigue feliz con la elegida...
Ella continuó dando bandazos por TV, las hay con suerte o muy profesionales y generosas...
Se soltó el cabello, se vistió de reina y se puso tacones para celebrar la pre Navidad. Sabemos lo traicioneras que pueden ser las cenas de empresa; si, además, en la empresa tienes una compañera como Marta López, ¡ya la hemos liado! No se comerá nada, pero de una forma u otra lo termina rentabilizando y, como en TV, las rentas son cojonudas, te arrimas y vas estirando el chicle.
De estudiar Criminología y pretender trabajar en la mesa de sucesos de AR
Llega la movida de la cadena, se determina desde la cúpula otra línea editorial.
Dónde "pasaba lo que pasaba", pasó y se acordaba todo Dios de lo que había pasado y tenían que crear el mundo "Pink"; unicornios rosas, nubes de algodón de azúcar y "amo a Laura"...
¡Ostras! Sobraba prácticamente toda la plantilla de la cadena... Se salvaban Piqueras y Laura, la meteoróloga; no podían echar a todos y todas y empezaron por lo que consideraban más sucio.
Alba entró en la bolsa negra de basura, la de residuos orgánicos y, de estudiar criminología y pretender trabajar en la mesa de sucesos de AR,  con un cabreo máximo,  llegó al juzgado.
Allí se resolvió de forma conciliadora y ¡voilà! Saltó a los hornos del Bake off, y tan off... No levantan ni poniendo el programa cada día en bucle, no lo compramos ni para tener la tele encendida de fondo.
Como premio, pasa a Mañaneros; lo normal... Alguien no funciona, pero hay que meterla, ¿cómo? Pues en medio de algo que va tirando y esperemos que no se note... ¿Se pasará media vida como Ana Obregón presumiendo de carrera?
Lo cierto es que la feminista es conocida por criticar a sus ex.
Como consumidora de TVE, evidentemente, no de todo, cualquier día temo ver a algún "deshecho" mediático sustituyendo a Silvia Intxaurrondo o como criada o lacayo en la serie La Promesa...
Sabemos que ciertas empresas, en algunos sectores, funcionan por enchufes, existen pagos de favores, etc. Pero, ¿sólo conocen a estas personas? ¿No hay caras nuevas a las que enchufar? La prima, el sobrino de alguien... No sé, aire fresco.
Conocemos las multinacionales que recogen a expolíticos de dudosa honestidad, la cadena pública va encaminada a recoger lo que no quieren en ningún lado por el hartazgo producido en la audiencia.
¿Estrategia inteligente? O, ¿igual me da, el dinero no es mío...?



miércoles, 24 de enero de 2024

ALGO PASA CON YOLI...



Yolanda Díaz me parece una de las mejores políticas que nos ha dado este bendito país.
Y no solo por sus logros, por cierto, importantísimos, sino porque es inteligente y lo demuestra.
Que yo sea de izquierdas y gallega pudiera ser un motivo más que razonable para tenerla en alta estima, pero no es el principal; Ana Pastor me parece también una política inteligente, lejana a mi ideología, gallega también.
Quiero decir que lo de la inteligencia se nota y debe ser tenido en cuenta. No voy a aplicar el término objetividad porque muchos se ponen de los nervios, apliquemos el sentido común y dará el mismo resultado.
Bien, de Yolanda revienta todo... A quienes les revienta, claro...
A los derechones señoros y señoronas, y a los de la izquierda radical, que se sienten traicionados y abandonados a su suerte... Ambos bandos son del mismo perfil: demagogos, populistas, oportunistas y demás.
La señora vicepresidenta, ministra de Trabajo y Economía Social, además de abogada de carrera, acudió a una entrevista distendida en la 2 de TVE y, como no podía ser de otra forma, levantó ampollas entre dos bandos radicales.
Su preferencia por la moda gallega y por la mayor empresa de Galicia, ZARA (INDITEX)... Resulta que Yolanda fue muy crítica con esta empresa y ahora parece que todo ha quedado en nada, según la lectura de los radicales convencidos.
Seguramente, Yolanda  seguirá pensando que "fabricar" ropa en países que utilizan a empleados en condiciones deplorables, sigue estando igual de mal. Y también pensará que las empleadas de tiendas INDITEX no eran tratadas igual que los empleados.
Yolanda podría estar detrás de la aceptación de la empresa a las peticiones de sus empleadas, incluso a la decisión de no llevar a cabo un ERTE cuando sus tiendas estuvieron cerradas por el estado de alarma, ¿no creéis? La mujer va allá donde está el problema y no duda ni un segundo en sentarse con quien tiene la llave para solucionarlo.
Y quien conoce al fundador de INDITEX, figura que ya no está en la maquinaria de decisión, aunque tenga peso, se "enamora" de ese señor.
Quien no tenga ni puta idea de Amancio Ortega que se calle y deje de hacer el ridículo.
A Yolanda tampoco le gusta donde vive, ni el lugar ni la casa.
Pues, hombre, yo la entiendo; a quien viene de costa, el interior le gusta poco en comparación.
Porque no tiene mar, Yolanda así lo expresó: echa de menos el mar...
¡La entiendo tanto!
Y Madrid no tiene mar, ni lo tendrá, ni aunque Ayuso viviese 150 años.
La casa es un mausoleo, también la entiendo, debe dar un mal rollo tremendo andar por esas estancias barrocas y rancias.
Pero como es de izquierdas, parece que debe dar gracias a Dios por tener un gran número de metros cuadrados a su disposición, ya sabemos que los derechones tienen la carencia básica de que alguien de izquierdas debe vivir en una colmena de 1000 viviendas, 5 pisos por planta, sin calefacción y, a ser posible, en un 8º sin ascensor... Mantra de pijos e ignorantes currelas.
A estos últimos me dirijo, a los otros les importa una mierda la subida de salarios. A los currelas, ¿por qué no lo tienen en cuenta? Ni que mejoren sus condiciones laborales... ¿Por qué? No me parece de personas espabiladas...
Y luego está el otro clan, el  de los guapos y guapas... Todos y todas las que se ríen del físico de Yolanda y hacen memes de su nariz...
¿Se han visto ellos y ellas? Algunos/as son un meme en sí mismos, ¡no les hace falta ni caricatura!
Alguna se atreve a decir, acabo de leerlo, que a la Yoli no se le entiende lo que dice... Seguramente le emborrachan los datos que Yoli es capaz de almacenar en su cerebro, ¡y tener esos datos actualizados!
La nena que lo crítica debe tener capacidad únicamente para cepillarse el pelo y le cuesta procesar y la aburre.
La nena periodista consiguió memorizar cinco mantras ultraderechistas y los repite como una cotorra...
Lo que provoca Yolanda Díaz en muchas es envidia y en muchos, temor, porque los que se creen gallos de corral y a su alrededor quieren gallinas, ven peligrar su estatus de machus erectus.
Los creyentes del poder de una "polla" se van dando cuenta de que era un poder ficticio y quizá deberían empezar a pensar con la cabeza de arriba...
Follemos... Digo... ¡Oremos!

domingo, 21 de enero de 2024

"DICIEMBRE"/Fin©®


    



- En algún lugar-

Samuel y yo fuimos construyendo nuestra vida en común; logrando la estabilidad de pareja tan necesaria y disfrutando de la cotidianidad.
Hacíamos salidas de fin de semana, cenas con amigos, paseos solo nuestros… Conseguimos nuestro espacio por separado, compartiendo ideas y arreglando el mundo, cada uno a su manera.
Mis consultas aumentaron, no solo mantuve a los míos, sino que por estos vinieron otros y del entorno de Samuel, también.
El boca a boca funciona en cualquier lugar.
Samuel dio intimidad a mi despacho, más grande que el suyo, y un espacio lleno de calma y buenas vistas donde mis pacientes se sentían acogidos.
Marta vino el primer año por Semana Santa, se alojó con su marido en un hotel y disfrutamos muchísimo de su visita.
Ese mismo año,  fuimos una semana en verano y volvimos por Navidad; momento que aproveché para reconciliarme con mis hijos, manteniendo ciertos límites, mi piso de rabia se diluyó, estaba en paz conmigo y con el mundo. Fui asumiendo que, parte de mi incomodidad, era también responsabilidad mía. No debemos acostumbrarnos a una “normalidad” vigente en todo, tenemos que hablar, decir lo que no nos gusta o no nos apetece. Las personas somos padres, madres, hijas, nietas, nueras, yernos, jefes… Pero antes de todo eso, somos seres individuales e independientes y así debemos actuar. De esa forma, y dialogando con nuestro entorno, podrán actuar en consecuencia, si nos callamos, dan por bueno lo que hacemos, incluso pueden creer que así lo elegimos.
Conocieron a Samuel y sabían cuál era la vida de su madre, nunca supe si les gustaba, únicamente la aceptaron.
Jacobo había dado un bajón importante, no podía salir tanto y su visión le impedía ejercer lo que más le gustaba como él quisiera. Viendo su deterioro, nos hizo una última acuarela, llena de color; le costaba distinguir la realidad de los paisajes y optó por darle fantasía.
Al volver de esas cortas vacaciones, pasamos unos días en un pueblo de Francia y algún otro en Bélgica.
Regresamos a Oslo con un cierto poso de melancolía. Era una ciudad que me encantaba, ya me había acostumbrado a sus noches eternas o sus días interminables, pero aquella visita a nuestro lugar deseado, incluso antes de conocernos, nos dejó unos días nostálgicos.
Yo no había perdido el tiempo, podía expresarme y entender la lengua autóctona.
Mi profesión estaba perfectamente asentada y la convivencia con Samuel era como la del primer día. Continuaba siendo detallista, empático, divertido, pasional…
Continuamos pasando parte de las vacaciones de verano con sus padres y por supuesto, Navidad; de alguna de esas fiestas participaron mis hijos, dependiendo siempre de sus novias y de su padre.
Mi sorpresa vino cuatro años después…
 La nostalgia había calado profundo en Samuel, lo disimuló estupendamente conmigo, por eso, cuando me propuso su plan, no me lo esperaba.
Sentados en el parque, en verano, sin soltarme la mano, Samuel no había cambiado su actitud hacia mí ni un segundo, me preguntó:
—Carmen, ¿echas de menos tu tierra? Yo sí. Tengo ganas de hacer realidad mi sueño, pero esas ganas, las tengo si compartida por ti.
—Sí, cariño… A veces sí, aunque esto me encanta por muchas cosas, la principal es que estás tú —dije.
—¿Nos vamos? —Preguntó.
—¿A casa? —Dije, pensando que era nuestra casa.
—Sí, a casa, al lado del mar—.
No sabía qué decir…
Como si me hubiera leído el pensamiento, continuó:
—Nena, has dejado casi todo por mí, te has adaptado a todo sin perder la ilusión, queriéndome cada momento del día. Seguramente crees que decirme ahora que te gustaría irte sería como traicionarme. Acostumbrado a ti, pensarás en lo injusta que serías, porque yo iría contigo al infierno. Pero no es así, soy yo el que quiero regresar, y quizá soy injusto contigo.
—No, no lo eres, ¿por qué dices eso?
—Porque si tú no hubieras venido para aquí, yo me hubiera largado en dos semanas para estar contigo… 
—Samuel, conocerte fue una de las mejores cosas que me han pasado. Venirme aquí fue de las mejores experiencias de mi vida y quererte me hace estar más viva —le dije—.
Nos besamos como nunca o como siempre, porque siempre nos besábamos como si fuera el último día.
Samuel había estado gestionando su probable salida de la empresa. Era un empleado muy reconocido, aparte de muy bien pagado. 
Intentaron que se quedara, quedó pendiente su decisión hasta hablar conmigo.
¡Así que tomamos la decisión de volver!
Él, con un reconocimiento económico suculento y muchos planes juntos.
Samuel decidió tener su propia empresa, una pequeña agencia de rutas y senderismo.
Yo seguiría con mi consulta, mi profesión.
Vivíamos en mi casa, la cual cobró la vida que yo deseé cuando la compré.
Samuel diseñó la casa que siempre quiso, en el terreno de su abuela, a pocos metros del mar. 
No todo fue bueno, Jacobo falleció…
Rodeado de su adorada Teresa, de Samuel y de mí, dándonos las gracias a todos por haberlo hecho feliz y haciendo prometer a Samuel que cuidaría de su madre y a Teresa, que fuese obediente con Samuel.
La pareja había estado mirando un complejo residencial para mayores, un proyecto inaugurado hacía unos meses cerca del pueblo. Teresa quería irse allí; no estaba mal, se defendía por sí misma, pero todo le recordaba a Jacobo, ¡el amor de su vida!
En la residencia, estaría con personas de su edad; personas con las que podría recordar todo el día la vida estupenda que había tenido y escuchar los recuerdos de otras vidas, compartir, ni más ni menos.
“No quiero ser una vieja que da el peñazo todo el día a su hijo hablando de su padre, me restaría libertad por temor a ser pesada, y quiero seguir siendo libre y quiero hablar cada día de tu padre.”
¡Su argumento!
Íbamos casi a diario a verla, estaba feliz… Hasta que, poco a poco, dejó de recordar… Cuando empezó a olvidarse de quién era, de quién éramos nosotros, llevé la última acuarela que nos había regalado Jacobo. Se la colocamos enfrente de su cama, a media altura; cuando la levantaban, la sentaban en su rincón favorito, al lado de la pintura, a la que miraba y tocaba y se le iluminaban los ojos, el único momento que sonreía…
Nosotros éramos como Teresa y Samuel, pensaba a veces. Me entristecía y agobiaba que se “fuese” antes que yo…
Decidimos hacer de mi casa y la de sus padres dos casas rurales, las mejores de la provincia. Mi casa lucía en primavera el rosal que rodeaba la puerta azul y una placa de madera con el nombre de “Arco Iris”.
La de sus padres la bautizó con “Las cuatro estaciones”; derribó el anexo donde pintaba su padre y construyó un jardín.
Vivimos en la casa junto al mar, nuestra casa. 
El frente de la casa y una esquina era prácticamente un escaparate al mar.
Gran parte, en el centro, era un salón con porche exterior, otra estancia, más pequeña, fue decorada con las acuarelas de su padre, su caballete, sus paletas y pinceles y el piano de Mercedes. Mi sofá color frambuesa formó parte de esa estancia, a la que llamábamos la habitación “primavera”. Al otro lado del salón, formando la otra esquina, la luminosa cocina.
Arriba, un inmenso dormitorio y baño con vistas al mar y cuatro grandes tragaluces en el techo.
Mar y cielo, fieles cómplices de nuestras noches, días o tardes de pasión, como las mareas vivas, o de hacernos el amor con la lentitud de las olas de un mar en calma…
La última acuarela de Jacobo formaba parte del rincón de lectura o de quedarse en blanco mirando al mar; dos cómodos sillones azules, dos mesas blancas, una, entre los dos sillones, con una lámpara de cristal de Murano y una caja pequeña de cristal transparente con mi pendiente, pareja del que había perdido en la playa.
En un sillón, la manta de Guatemala de Teresa.
En el vestíbulo, amplio y luminoso, siempre había un jarrón con tulipanes blancos.
La puerta de entrada, ¡cómo no! De color azul.
Y sí, fueron felices… Juntos, hasta que la vida quiso.
Samuel se "fue" ... Como todo el mundo que tiene una pérdida, conseguí vencer la tristeza inmensa que aquello me produjo y que tanto temía.
Disfruté de mis nietos, otra gran familia que sus hijos habían creado y que también vivió Samuel durante años.
Mi gran amiga, Marta, volvió a su lugar de origen; también sola, decidimos vivir juntas esa etapa de vida tranquila.
Yo saludaba a Samuel cada día, le daba las buenas noches cada noche; su esencia estaba en aquel mar, donde él quiso yacer y el que yo veía nada más despertarme y me quedaba mirando, acurrucada y sintiendo las manos y los besos con que Samuel me despertaba cada día de nuestras vidas. Había superado la tristeza, pero continuaba amándolo.
Había conocido a Samuel  un mes de enero, pero en diciembre había comenzado un proceso que cambiaría mi vida. Y en diciembre había conocido a dos personas que iban a ser determinantes en mi futuro. Sin Teresa y Jacobo, Samuel no hubiera estado presente.
Y en diciembre, aprovechando la marea baja, lloviera o soplara temporal de suroeste, bajaba a la arena y dejaba tulipanes blancos, que la marea alta llevaría mar adentro.
Era feliz... Con la ilusión de encontrarlo, esta vez sería para siempre... Sin parar de bailar, abrazados, mirándonos a los ojos y sonriendo.
Aquella sonrisa...



"Feels fine...
 Feels like you're mine...
 Feels right, so fine...
 I'm yours, you're mine...
 Like paradise..."










   




viernes, 19 de enero de 2024

"DICIEMBRE"/Cap.15©®




- Aceptación -

Dormimos toda la noche del tirón, después de cenar y charlar un rato, viendo la inmensidad de la noche tras aquella ventana gigante.
Dejé claro que no me gustaba el salmón, presiento que tendré una adaptación alimentaria dura…
Noruega no es un paraíso culinario y yo no soy de comer lo que no me gusta.
Volvimos a hacer el amor al despertar, me recordaba a los tiempos de los primeros novietes, donde siempre estábamos dispuestos.
Samuel preparó el desayuno, mientras yo ventilaba la habitación y me duchaba.
La ventilación en época de invierno en Oslo es abrir y cerrar… -17º ¡te hiela el pensamiento!
Durante el desayuno planeamos el día; ir de compras era el plan.
Yo necesitaba, en principio, artículos de aseo y diversas cremas.
Samuel se decidió por ir a un centro comercial, sería más fácil hasta que yo conociese los productos o donde adquirir mis marcas, si las había.
También hablamos del despacho, él quería dividirlo para que yo tuviera mi consulta más privada.
Sentía cierto pudor en algunos planes, porque no sabíamos cómo iba a resultar aquello, pero, meditando, es como cuando te casas, tampoco sabes si va a durar siempre y te compras una casa y miles de cosas.
Comprar ropa también era una tarea imprescindible; no me había llevado todo ni tampoco hubiera sido ropa adaptada para estos fríos polares.
Después de las compras varias, donde encontré casi todo lo que necesitaba, lo demás, fue sustituido por marcas que me recomendó Samuel, nos fuimos a comer, tenía una reserva en un local precioso.
Yo hablaba inglés, aunque hacía tiempo que no lo practicaba, no tenía problemas para expresarse o entender, y menos mal… ¡El noruego es como el Euskera al revés! ¡Y mira que el Euskera es difícil!
Samuel se reía con este comentario mío, dijo que no era para tanto y siempre se podía acelerar el proceso de aprendizaje yendo a clases.
Pues nada, ¡ya me veía aprendiendo noruego a marchas forzadas!
Y planteé una cuestión que a Samuel no le gustó demasiado.
Yo quería hacer desde ya vida normal, es decir, no andar haciendo turismo cada dos por tres, sino hacerlo con calma, ir conociendo poco a poco.
¡Samuel quería mostrarme todo! Pero yo pensaba que no era práctico ni bueno. Me fui para compartir vida, no para transformarla de manera abrupta. La rutina, lo cotidiano, es sano para la mente, lo otro era como estar de vacaciones y no sería real.
Quería empezar mis consultas, aprender noruego y conocer la ciudad poco a poco y por mí misma, no solo con él, porque él tenía sus ocupaciones y costumbres.
Aprender el nombre de las calles ya sería una ardua tarea; donde estaba el piso de Samuel, era impronunciable.
Volvimos a casa con las compras y eché la tarde colocando mi ropa, deshaciendo las maletas y mirando donde estaba todo, haciéndome al entorno.
Samuel guardó la compra del supermercado e hizo algo relacionado con su trabajo en su despacho.
Cuando yo terminé, nos sentamos en un mullido sofá, hablamos con sus padres y después con Marta por videollamadas.
Llegó la hora de la cena e hice sopa de verduras y tortilla de patata, huevos y patatas hay en todos los sitios, el aceite español es caro, pero me niego a cocinar con el aceite de colza que allí acostumbran.
Pagó todo Samuel, algo que me incomodó y a lo que me negué, ante su empeño y a que en Noruega nadie levanta mínimamente la voz ni gesticula apenas, preferí comportarme como una noruega de toda la vida y con ascendencia vikinga…
Llegó la charla, yo tenía el nudo más apretado por lo del pago unilateral de las compras e inicié tema controvertido…
Le expliqué que siempre había sido independiente y pensaba seguir siéndolo. Intuí desde el primer momento que era un tío muy bien posicionado, cosa que fui confirmando, nunca porque él hubiera sido presuntuoso, sino por cosas obvias, actitudes de alguien que se permite gastos o formas de vida a su alcance.
Pero eso no fue lo que me atrajo de él, ni lo necesito. No estaremos a un mismo nivel económico, pero sigo siendo cómodamente independiente.
Y tendríamos que hacer ciertos pactos, pues yo quería contribuir en gastos que eran comunes.
Estuvo atento a todas mis explicaciones sin rechistar ni dejar de mirarme. Cuando terminé, escuché su argumento.
Lo primero que dijo fue si yo pensaba limitar lo que él quisiera regalarme, porque no estaba de acuerdo.
Se estaba refiriendo a la ropa que me había comprado.
Obviamente, le dije que no.
Las demás compras, para casa, comida, aseo, cremas… Su visión era que yo había dejado mi país para irme a otro completamente diferente.
La comida era su obligación, los gastos de la casa, también.
Los artículos de aseo no los puse llevar, están permitidos en pequeñas dosis. Un país nuevo para mí, lo lógico es que fuese él quien corriera con esos gastos. Así como la ropa, pues es muy diferente a lo que uso en mi país, la climatología es diferente.
No le faltaba razón, pero yo no estaba acostumbrada a eso.
Y de pactos nada, se hablan las cosas cuando se está en el contexto concreto.
—¡Vaya! —Dije— ¡Pasas absolutamente de lo que he dicho!
—No, te he escuchado, no estoy de acuerdo con pactar gastos de antemano.
—¡Pues de puta madre! Pero no es así.
—Sí, lo es, llevo viviendo aquí veinte años, elegí la casa que quise y son mis gastos.
—¡O sea!, ¡Estoy en un hotel a pensión completa! —Dije enfadada.
—Carmen, mi casa es nuestra casa, puedes entrar, salir, cambiar o hacer lo que quieras; irte a la calle y comprar lo que te dé la puta gana cuando te dé la puta gana. ¿O quieres pagar tu estancia porque estás de vacaciones?
—¿De qué estoy? —Dije más cabreada?— ¿De mantenida? 
—¡Tú sabrás a qué has venido! ¿De vacaciones? ¡No me jodas, Carmen!
——¿No querías que viniera? —ya levanté la voz
—¿Qué dudas tienes, Carmen? ¿A qué coño viene esa pregunta? Solo pagué la compra y unos regalos…
—¡Claro! ¡Estoy exagerando! ¿No? 
—¿Qué pasa entonces, Carmen? ¿No era lo que tú esperabas? —Dijo él—.
Me quedé en silencio… Creo que era una discusión de gilipollas y yo la había iniciado…
—Vine porque te quiero, Samuel.
—¡Hombre! Es curioso…
—¿Qué es curioso? —Pregunté.
—¿Qué? Pues es curioso que hayas venido por la misma razón que yo quiero que estés aquí, ¡eso es curioso! Porque llevo la polla de años sin convivir con nadie porque no quiero, o porque no quise a nadie, para tener este tipo de relación.
Porque, quizá, sin ser consciente, te estuve esperando. Y era feliz, fui feliz, salía con amigos, me follaba lo que me dejaban, que era bastante, por cierto, pero no lo cambiaría por los días que estuve contigo ni por hoy.
Seguramente tampoco por lo que venga si estás tú—.
¡Hostia puta! Nunca tuve una declaración de amor semejante desde que Carlitos me escribiera una carta en séptimo de EGB…. ¡Y este tenía 48 tacos! Un presente fantástico y un futuro prometedor en todos los sentidos. 
Tenía delante de mis narices al “braguetazo” del siglo, ¡y yo con estos pelos!
Lo miré y me puse colorada de la vergüenza, supongo… Bajé la cabeza.
Me levantó suavemente la barbilla…
—Nena, ¡estás como un tomate!
—¡Idiota! —le grité—.
Soltó tremenda carcajada y me dijo:
—¿Recuerdas la primera vez que te pusiste colorada ante mí?
—¡Sí, bobo! Estaban también tus padres.
—¡Ajá! ¡Lo que no sabes es que ahí me quedé enganchado! —Dijo.
—Ya, ¡miénteme!
—Me gustaste físicamente, nada más verte, me gustó tu moño, me gustó tu voz, tus gestos… Me encantó que una tía tan segura, al segundo de soltar un comentario de adolescente, se pusiera colorada. Y me molaba, no sabes cuánto, que evitaras mirarme a los ojos, rozarme…
¡Yo me ponía cachondo pensando en deshacerte el moño! Ja, ja, ja, ja, ja.
—¡Sí, hombre! ¡Cómo un adolescente bobo! —Dije muy sería.
—¿Crees que miento? —dijo.
—¡Yo qué sé, Samuel! 
—Solo tienes que mirarme, Carmen, estoy igual que aquellos días… o tocarme…—.
¡Buffff! Me estaba poniendo negra, después de colorada y me entró un calor de repente…
—¿No quieres comprobarlo? —Dijo sonriendo—.
Y yo que soy curiosa…. 
¡Lo comprobé! ¡Y lo probé! ¡Entero!
Aquel salón, abierto al mundo, fue cómplice de la pasión desenfrenada de dos seres sedientos el uno del otro… Cómo diría algún buen escritor…
Yo diría que nos volvimos locos follando dentro de un escaparate…






jueves, 18 de enero de 2024

"DICIEMBRE/Cap.14©®



       


- El mañana, Él-

Llegó ese “mañana”; me había despertado cientos de veces.
Marta vendría a comer, nos había invitado Teresa y Jacobo, a las 6 de la tarde, más o menos, me llevaría al aeropuerto, el avión salía a las 21:00 destino Madrid, allí haría noche hasta las 7 de la mañana que saldría del hotel; el vuelo para Oslo era a las 10:30.
Concilié el sueño por fin, pero, con tanto desvelo, me desperté a las doce del mediodía.
Me arreglé y enseguida llegó Marta; deshizo la cama, mientras preparaba un café. Al día siguiente vendría a forrar con plástico todo y bajamos el equipaje, dos maletas grandes y un bolso de mano.
Eran preciosas, de cuero en color rojo, había grabado mis iniciales. Tomamos el café de pie, apoyadas en la encimera, sujetando la taza con las dos manos, en silencio, pensando cada una en lo suyo, pero sobre el mismo tema.
Nos fuimos a casa de los padres de Samuel; la comida se desarrolló amena, aunque todos estábamos nerviosos.
Marta, la de sin azúcar y comida sana, se comió un cuarto de tarta de almendra que había hecho Teresa.
Yo pude comer muy poco, tenía el estómago con un nudo por los nervios.
La sobremesa fue larga, se repasó lo que ellos tres harían los próximos días con lo mío, se intercambiaron los números de teléfono y fue llegando la hora de la despedida.
Teresa me dio cuatro besos de madre y Jacobo un abrazo de cariño inmenso.
—Avisad cuando llegues —dijo Jacobo.
Con o sin Samuel, aquella pareja entrañable, habrían sido como mi familia.
Metimos el equipaje en el coche, cerré la puerta de mi casa y guardé celosamente las llaves; tanto Marta como los padres de Samuel, tenían copia.
Iniciamos el trayecto…
Recibo una llamada de Samuel, después de los tres mensajes que había enviado durante la comida y la media tarde.
—No tardes… —Me dijo— Me estoy volviendo loco… Te llamaré cuando estés en el hotel, me avisas—.
En el aeropuerto, Marta y yo estuvimos varios ratos en completo silencio; me cogía la mano, me miraba y nos entraba la risa tonta. Mi amiga fue de gran ayuda para todo, tanto con el equipaje como personalmente.
Aviso de embarque.
—Si te va bien, y tardas en volver, iremos de vacaciones a Oslo —dijo Marta, con los ojos llorosos; era una de las mayores declaraciones de amistad, Marta odiaba el frío.
Nos dimos el mismo abrazo de cuando nos separamos la primera vez; ella se iba a una universidad del Reino Unido, yo, a Madrid, solo coincidimos en verano y Navidades.
Me fui yendo, cada tres pasos miraba hacia atrás y allí estaba con su sonrisa.
A las 11 y cuarto estaba en el hotel; pedí un sándwich caliente y una botella de vino, llamé a Marta y a Jacobo.
Me duché y me metí en cama; avisé a Samuel que llamó al segundo.
Había tenido una reunión por la tarde, estaba cansado, más por los nervios, mañana solo iría a trabajar hasta mediodía, del trabajo se marcharía directo al aeropuerto.
Lo notaba nervioso y no lo disimulaba; se reía a carcajadas haciendo bromas de nosotros dos, de cómo habíamos recuperado la adolescencia.
Media hora de conversación y nos despedimos con un “te quiero”.
Pasé otra noche movida, el vino de la cena no me dio somnolencia, podía más mi inquietud.
Me levanté casi sin haber dormido, me vestí, me maquillé levemente pero con gracia, estaba guapa porque así me sentía, guapa. Dejé mi media melena suelta y me puse los zapatos que había comprado hacía algunos años atrás, un capricho para eventos especiales, unos Manolo Blahnik estampados, de tacón alto y fino.
¡Tenía que pisar Oslo por todo lo alto!
Un empleado del hotel llegaba para ayudarme, el taxi estaba en la puerta.
En el aeropuerto me entretuve observando a la gente que iba y venía, bulliciosa, unos tristes, otros felices; reencuentros y separaciones.
Todo aquello daba para escribir un relato corto, las miradas, los gestos en general de cada una de de aquellas personas.
Cuando escuché la orden de embarque, me empezaron a temblar las piernas, me costaba a veces mantener el equilibrio, los tacones, altos y finos, no ayudaban… 
Se me hizo eterno el viaje; a las 14:46 estábamos aterrizando; minutos antes me retoqué el poco maquillaje que tenía puesto, me repasé los labios, cerré el espejo y respiré hondo.
Me puse mi gabardina color azul cobalto, el mismo color que mi jersey de cuello vuelto en punto fino, un pantalón vaquero, ligeramente acampanado, dejaban ver la puntera de mis "Manolos"; bufanda color pistacho y bolso  remataban el look.
Vamos entrando todos los pasajeros, del murmullo ruidoso de los aeropuertos españoles, al silencio de Oslo en un aeropuerto que impresionaba, por su cuidada decoración y amplitud perfectamente estudiada según fuera el espacio a delimitar.
Al fondo, a pocos metros, lo veo… De pie, me hubiese llamado la atención aunque no fuera yo la persona que él estaba esperando. Pero, sí, era a mí a quien esperaba aquel tío estupendo.
Apoyado en una de las columnas, frente a la puerta de la salida de pasajeros; vestido de manera  informal, con pantalón vaquero, pero con chaqueta sastre de punto color gris, chaleco también de punto y corbata, muy "cool"; una mano metida en el bolsillo del pantalón y un ramo de tulipanes blancos, boca abajo, en la otra mano.
Estaba mirando a un lado en ese momento, no me había visto, dejé pasar gente delante de mí, mientras me quedé ensimismada mirándolo.
¡Estaba guapo para morirse!
Cuando me vio, se separó de la columna, echó las dos manos hacia atrás, como para esconder el ramo. Podían verse los tulipanes mientras caminaba muy lento sin parar de sonreír…
¡Aquella sonrisa…!
Yo también iba caminando despacio, no sé cuándo ni cómo perdí los nervios y tenía la sensación de haberme convertido en una modelo caminando por una pasarela, firme sobre mis tacones, erguida, segura, me sentí segura.
Se detuvo en un momento dado, sin dejar de mirarme, con la cabeza ligeramente ladeada y una mirada que me gritaba “ven”...
No sé en qué momento me dio las flores, porque nos abrazamos por varios minutos sin despegarnos.
Cuando lo hicimos, me separó cogiéndome una mano, me miró de arriba abajo mordiéndose los labios y me dio dos vueltas como si fuese un baile…
Y de repente agarra mi cintura por dentro de la gabardina y me da un beso para quitarte cualquier pena o cansancio…
—Nos vamos a comer… —Dijo—
—¿A un restaurante? —Pregunté.
—Nena, no era una pregunta... —Me dijo al oído, para después volver a besarme—.
Vaya... Una afirmación cojonuda, ¡nos comeríamos!
Pero ahora tocaba alimentarse.
Nos fuimos a una pizzería en el aeropuerto, hay un montón de locales de todo tipo.
Decidí pizza porque quería ir a algo seguro, él tampoco había comido.
A las 5 de la tarde nos fuimos a casa de Samuel, estaba a 50 km del aeropuerto.
El edificio era precioso, al lado de un río, un gran parque, ahora convertido en una nevada extensión de terreno; vivía en un segundo piso.
Un apartamento estupendo, todos los espacios eran amplios, salón, cocina, dormitorio, despacho y baño completo, con ducha y bañera bajo un gran ventanal. Ventanales enormes y más pequeños parecían sustituir paredes, sin persianas, allí no son curiosos, había cortina gruesa en el dormitorio, para los meses de días eternos, lo cual, la  hacía necesaria a la hora de dormir por la noche.
Nos quitamos las chaquetas, Samuel metió mis dos maletas en el dormitorio y se acercó a mí; estaba alucinada delante de aquella ventana inmensa con todo el horizonte a mis pies.
—Ya estamos —dijo—.
Me apetecía darme un baño, lo necesitaba, Samuel se encargó de llenar la bañera y dejar a mano todo lo necesario. 
Cogí ropa de la maleta y entró Samuel… ¡Ya me había olvidado lo que me “ponían” las corbatas y los estilismos con traje chaqueta!
Lo miré, me miró…
—Eres y estás preciosa, Carmen—.
¿Para qué más? Yo estaba guapa y él estaba bueno...
Lo desnudé, me desnudó y a trompicones nos metimos en la bañera…
Nunca lo había hecho en una bañera… ¡Sentí vergüenza de mí misma! Ja, ja, ja.
¡Y mira que había follado en sitios no habituales! La bañera no era un sitio raro, pero no se dio la circunstancia.
Encontrar una posición no me resultaba muy fácil… ¡Temía tener otro momento Bridget Jones! Ja, ja, ja, ja.
Pronto hice encajar las piezas, como al Tetris, y todo fluyó…
Follamos desesperadamente...
Después nos dimos una ducha, me abrazó muy, muy fuerte…
—¿Por qué has tardado tanto, nena?
—¿Se te hizo larga la espera? —Dije.
—Veinte años, mi vida… Has tardado veinte años…—.
¡Si es que lo tengo que querer!









miércoles, 17 de enero de 2024

"DICIEMBRE"/Cap.13©®

 


           


-Cuenta atrás -

Había quedado con Marta temprano, ella suele irse a correr muy pronto y nuestra cita era a las 9 en punto para desayunar.Y
o soy puntual, pero Marta es de las que llegan tres cuartos de hora hora antes por si acaso… ¡Y allí estaba claro!
Perfectamente arreglada…
Un batido no sé de qué, ni falta que hacía, era verde intenso y un café solo largo y sin azúcar, Marta también era de un sacrificado nivel alerta máxima.
¡Yo pedí de todo!
Aún siendo frugal su desayuno, yo terminé antes, y tuve que contarle todo lo sucedido.
A veces me mirada sin dejar de absorber aquella cosa verde por una pajita ecológica.
—¡Hostias! —Decía de manera sistemática —.
Cuando terminó me dijo lo que ella pensaba, ni más ni menos, que solucionara todo ipso facto y me pirara, ¡en febrero tenía que estar esquiando en Noruega!
—¡Marta, no tengo ni puta idea de esquiar!
—Exactamente querida, ¡por eso tienes que irte cuánto antes! En febrero tienes que no caerte sobre los esquíes, debes irte pronto para practicar…—.
O sea, mi amiga me estaba hablando como si acabáramos de cumplir los 17 y yo me iba de Erasmus al norte de Europa…
Me dio la misma explicación que yo solita había pensado, que había cortado veinte años de vida y ¡cómo darle vueltas a cortar 15 días de proyectos!
¿Me gustaba el tío? Pues de vacaciones era lo mínimo.
—¿Qué el gusto va más allá? Te quedas. ¿Se termina? ¿Te cansas? ¿Se cansa el tío? ¿No aprendes noruego y eres una muda en Oslo?
¡Te vienes! ¿Dónde coño estaría el problema? —Dijo, así todo seguido sin respirar—.
Y tenía razón, la verdad. No hay como ser práctico y realista en la vida.
Me planificó mis tareas; esta tarde llamaría a mis pacientes.
Ella se iría a no sé qué polígono y compraría un rollo industrial de plástico… miedo me da… Mañana vendría a casa para ir plastificando muebles y cosas.
Precintar las ranuras de los armarios, entra polvo, dijo.
Llamar al banco y concertar una cita urgente, explicarles mi caso, informarme si tienen sucursal allá o convenio con algún otro banco.
Darle las llaves de la casa y del coche al padre de Samuel.
Que el coche lo saque a pasear de vez en cuando.
El apartamento donde tenía mi consulta, hablar con el portero y ella con su madre, le vendrá bien hacer de “vigilante”, la mantendrá entretenida y ella también se ocuparía en la sombra y cuando viniese a casa de su madre.
¡Ah! Y que contratara a la asistenta de su madre un día a la semana para mantenerlo limpio.
—Te regalaré un juego de maletas —anunció Marta.
—¡Tengo maletas, Marta!
—No, estrenas vida, ¡estrenas maletas!—.
Si no estuviera segura que me quería, diría que mi amiga quiere perderme de vista…
Todo eso hice, hicimos.
Ningún problema con el banco, muebles empaquetados, salvo el dormitorio y alguno más, se encargaría cuando yo me fuese Contraté a la asistenta para la consulta y a la que trabajaba en casa de los padres de Samuel para mi casa, una vez cada quince días.
También conseguí, después de pensarlo razonablemente, que Samuel no viniese para acompañarme, no era necesario.
Marta se encargó del billete de avión y me llevaría al aeropuerto.
Y quedaba un último paso, mis hijos.
Me fui a casa de uno y allí nos reunimos los tres y los seis perros que tienen.
Sólo les dije que me iba de vacaciones a Noruega.
—¡Qué guay! ¡Hay unas auroras boreales preciosas y es la época…!
Sí, auroras boreales, sí…
Tampoco los voy a culpar… Tienen el mismo plan de vida que un lenguado en una piscifactoría, todo solucionado sin pensar, ¡la única diferencia es que no los pescan!
Samuel llamaba todos los días y mandaba diariamente varios mensajes.
Estaba haciéndome espacio en su casa y comprando alguna cosa.
Planificaba sitios para visitar… Y estaba deseando darme todos los besos que me había prometido.
Sus padres estaban nerviosos, aunque era yo la que iba de visita a ratos; ellos me daban espacio, pero se los veía ilusionados.
Le dije a Jacobo que no colgaría las acuarelas, la última vez que fuimos a buscar las herramientas, había salido lo de mi viaje en conversación y ya se nos olvidó.
Pensaba llevarlas conmigo, formaban parte de la historia de esta nueva vida y no las metería en un cajón a la espera de mi vuelta.
Los días pasaban rápido, me costaba dormir, comía poco; supongo que los nervios lógicos por la aventura que decidí emprender.
Así, día tras día, llegó el último…
Marta me había traído mi regalo, unas maletas preciosas; menos una, la de mano, estaban preparadas, yo también.
Recorrí toda la casa, antes de acostarme por última vez y sin saber hasta cuándo volvería a hacerlo.
Cerré la habitación “primavera”, primero las contraventanas azules, después la puerta…
Fui a la parte de abajo, mi cocina, tan personal… Mi salón… 
Subí a acostarme y llamó Samuel.
Había hecho una compra especial, mañana cenaremos en casa… En casa… Menos el salmón que había comprado, todo era perfecto; detesto el salmón en todas sus variantes, pero él no tenía porqué saberlo…
La última noche en mi casa. Hicimos el amor… con calma…
Por primera vez le susurraba su nombre…una y otra vez… Le gustaba… Terminé con un…
—Samuel… mañana…—pasaron unos segundos… emitió un quejido más sonoro de lo habitual y pudo decir: — A partir de mañana, Carmen…¡Todo…
! Buenas noches—.
Pues “todo”... ¡Menos el salmón! Ja, ja, ja.


martes, 16 de enero de 2024

"DICIEMBRE/CAP.12©®



          

 
- Decisión -

Noches eternas…” Desde luego que, sugerente, sí es, pero, todo el invierno...
—¿A qué hora se hace de noche? —pregunté a Samuel.
—Tres y media de la tarde, más o menos—.
Ostras! Mejor no lo pienso, van a ser muchas experiencias fuertes de golpe.
—¿Y amanece?
—9 de la mañana, pero al estar nevado, no se ve tan oscuro—.
¡Pues ya estaría! Ja, ja, ja, ja.
 Siempre quise ir a Noruega y tan “a huevo” nunca lo tuve, no empezaré a ponerle "pegas".
Hablamos de cuándo me iría, me aconsejó que dejase mis cosas bien atadas, porque no querría regresar…
Muy seguro que veo a este tío fantástico... Detallista, sensible, divertido, buen amante, guapo, con el culo más duro que he tocado…
¿Valdrá la pena vivir como una lechuza y dar patinazos?
Me arriesgaré… Je, je.
Además, ¿qué puedo perder? Tengo lo que quiero y lo seguiré teniendo; si no funciona, y me jode, ahora mismo, también sufriría aquí, digamos que, si sale mal, retraso el sufrimiento, ¡pero lo habré probado!
Nos despedimos hasta la noche, llamaría él para darme las buenas noches.
Rauda y veloz llamé a Marta, que estaba pegada al teléfono.
La muy… amiga, no quedó en absoluto sorprendida con mi decisión; había hablado con su marido para quedarse más días en casa de su madre y así, poder ayudarme a solucionar cosas.
La primera, hablar con mis pacientes  para realizar sus consultas vía internet.
No tendría problemas, con algunos ya lo hacía y otros me lo pedían muchas veces.
Me quedaría el piso donde paso consulta, la casa y el coche, algo surgirá.
Samuel insistió en volver para irnos juntos, algo innecesario, aunque no me disgustaba la idea.
Con mi amiga quedé al día siguiente, su madre estaba mucho mejor y le apetecía verme.
Me entró hambre, no había comido nada en todo el día.
Me hice un sándwich, otro café y salí a merendar o cenar, al banco de la entrada.
Volví a mirar mis plantas y el tronco del rosal, las luces que iba a colocar quedaban pospuestas, sonreí…
Estaba tan adentrada en lo mío que no vi acercarse a Jacobo.
Seguía vestido con su peto vaquero y camisa festiva; me preguntó si quería colgar las acuarelas, él me pondría los clavos en la pared. 
Le dije que sí y lo acompañé a su casa a buscar las herramientas.
Entramos y dije un “hola”, suponiendo que Teresa andaría por la casa; efectivamente, la mujer salió de la cocina y me abrazó muy fuerte.
Ese abrazo también extrañó a Jacobo que se la quedó mirando asombrado.
Teresa lo miró y le dijo que no se enteraba de nada, a lo que él respondió de qué exactamente tenía que enterarse.
Yo también esperaba la respuesta de Teresa…
—¡Se va a Oslo! —dijo—.
La mirada de Jacobo iba de Teresa a mi, de mi a Teresa sin saber qué decir.
Teresa me coge del brazo y me lleva a la cocina, Jacobo seguía plantado en el mismo sitio.
—¿A qué esperas, Jacobo? —grita Teresa—.
Y viene el hombre, se sienta, pone los brazos sobre la mesa y supongo que espera a que le diga algo.
A Teresa la había llamado Samuel hacía nada. Su madre, se había dado cuenta de que su hijo se sentía más que feliz que otras veces.
Las madres…
Ella había hablado con él, lo había interrogado como solo saben hacer las madres, ¡sin prudencia alguna!
Y el “niño” había confesado.
También le había sugerido que lo dijese antes de irse, ambos éramos muy mayores para andarse por las ramas. En eso, Samuel, no le hizo caso.
Total, la madre estaba encantada porque veía a su hijo feliz y su padre, supongo que también, pero más práctico que Teresa, se ofreció a cuidarme la casa y el coche.
Y así nos despedimos del mundo “fantasía” hasta mañana, no sin antes de que Jacobo me dijese que no suponía que fuera tan rápida mi decisión, no la cuestionaba, y también se había dado cuenta de cosas, no como su mujer había pensado... Sí se había enterado y se lo guardó.
Me di una ducha de no sé cuánto tiempo y para conectar con la realidad y dejar de flotar, decidí tumbarme a leer un rato; tenía un libro de misterio leído hasta la mitad.
Lo hice en la habitación “primavera”, decidiendo así, estrenar mi otro sofá.
Entre bosques tenebrosos de mi novela andaba cuando llama Samuel.
Le conté lo de sus padres, nos reímos un buen rato, era todo un poco surrealista para personas tan adultas como nosotros.
—¿Te sientes mayor? —me pregunta.
—No, pero lo somos, ¡joder!
—Sí, pero las sensaciones que tenemos juntos, son similares a cuando éramos muy jóvenes, ¿no?
—Sí, supongo —le digo.
—¡Cómo qué supones! ¿No te acuerdas o qué?
—No lo sé, no lo he pensado, ¡coño!
—¿Qué sientes ahora? —dice.
—Me gusta.
—¿Qué te gusta? 
—Tu voz, tu voz me gusta —dije.
—¿Por qué te gusta mi voz?
—¡Yo qué sé, Samuel! Me… me gusta!
—A mí también me gusta tu voz, y como te ríes, cómo me miras, como hueles…—.
Y así empezó… y así siguió, haciendo un retrato de mi anatomía, de lo que le gustaba hacer en cada parte… De lo que le ponía cachondo que yo le hiciera…
Y mientras decía, sentía que me lo hacía… y me trasladé a una de esas noches nórdicas, donde vería la silueta de su cara, de sus manos…
Lo escucharía jadear en mi cuello, mientras me besaba y mordía suavemente…
Y ambos terminamos…en dos noches de diferente lugar, pero con un mismo techo… ¡el universo!
—Carmen… ¿Estás? —Dijo a los pocos segundos.
—Estoy…
—Estaremos… —susurró y colgó—.
Me acosté en la cama, como siempre hacía, abrí de par en par las contraventanas y allí estaba el mismo universo que nos unía.








GLORIAS POR LA GRACIA DE LAS PESETAS

 Hace unos días, saltaba la liebre. Un presentador, muy conocido, de la RTVE Canarias, fue invitado a un podcast. Entre varias declaraciones...